Ardel Nomah, Maestro de Maná

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El Maestro de Maná Ardel Nomah, es uno de los personajes más continuistas de la serie de Leyendas del Sol Negro apareciendo en 7 de los 8 libros de la serie (solo no aparece en Exiliados) y es uno de los pocos personajes supervivientes desde el inicio de la saga. 

 

Ardel Nomah era un individuo desagradable y lánguido, con ojos protuberantes y una postura levemente encorvada. Su palidez era marcada, salpicada de pecas a lo largo de sus extremidades y un rostro surcado por arrugas. A pesar de ello, encarnaba el arquetipo ideal de un Maestro de Maná bajo el condicionamiento Mordus, incluyendo su voto de celibato y su profundo adoctrinamiento religioso, evidenciado por su distintiva calva afeitada. Su indumentaria consistía en una toga gris, complementada por el tatuaje negro de una rama del Árbol de la Vida que trepaba por su cuello, emblema de su secta.

Ardel Nomah, un personaje polifacético y resiliente, experimentará una notable evolución a lo largo de la serie, transitando desde las sombras hacia la luz. Inicialmente retratado como un individuo temeroso y sombrío, cuyo único interés parecía ser su propia supervivencia, Ardel experimentará una transformación profunda. Esta metamorfosis lo llevará a emerger como una figura destacada dentro de la resistencia de Asgard, oponiéndose valientemente al dominio de los Arcanos.

 

La descripción del consumo de Maná a través de los ojos de Ardel Nomah

Nomah no podía disimular sus nervios. Con manos temblorosas, el Mordus, buscó en un saquito de tela que llevaba colgado. Tardó un instante en atinar y tomar lo que buscaba, pero por fin lo encontró, una pequeña caja metálica de color gris.

La caja tenía un cerrojo biométrico, sellado por ADN. Nomah pulsó un botón de la caja y esta se abrió, mostrando una colección de decenas de pequeñas cápsulas azules. Con un cuidado exquisito, Nomah tomó una entre sus finos y huesudos dedos y la observó con avidez, casi sexual. Luego abrió la boca y sacó su lengua trémula y puso la cápsula sobre esta. Al instante recogió su lengua, cerró la boca y se la tragó, cerrando también sus ojos, al tiempo que sin mirar cerraba la caja y la volvía a introducir en el saquito. Era una operación tan estudiada cómo repetitiva para el veterano Maestro de Maná.

Aquella sustancia era la razón por la que los altos maestros Mordus, recibían el sobrenombre de Maestros del Maná, pues consumían la sustancia que recibía aquel antiguo nombre bíblico. Según el antiguo manuscrito religioso de la era pre-espacial en la vieja Terra, el Maná fue el pan enviado por el Señor de los Ejércitos de los hebreos para alimentarlos, de forma diaria, durante su larga travesía de cuarenta años por el desierto, como penitencia por falta de su fidelidad, hasta que toda la generación de los impuros hubo fallecido… y eso era precisamente el Maná para los Mordus.

El Maná provenía de las oscuras e impenetrables selvas del aislado mundo de Kalaran, capital del Estado Mordus, lugar donde se había desarrollado toda su siniestra civilización centrada en la manipulación genética y la ciencia de la clonación. Todo, según su credo, para luchar contra los avances tecnológicos de la Mente Máquina, manifestada en su forma más satánica en el Axia, que en dos ocasiones estuvo a punto de acabar con la especie humana. Por esta razón el Mordus, al menos públicamente rechazaba el uso de cualquier androide o computador con inteligencia artificial avanzada y ponía todo su empeño y fe en su oscura ciencia y en la adoración de los más antiguos y siniestros dioses del Caos. Algo que en la época imperial les había valido para obtener una gran sintonía con los señores Estirpe que gobernaron en los primeros siglos de la era imperial.

Sintetizado de las plantas de Kalaran, el Maná, adquiría su tonalidad azulada. Sus consumidores sentían un éxtasis sexual al tomarlo. Aunque esa sensación colateral disminuía con los años.

El Maná provocaba una dependencia mortal y cambios irreversibles en sus consumidores. Sí se dejaba de tomar, aquel que lo consumía moría de una forma lenta y muy dolorosa. Por el contrario, sus efectos beneficiosos compensaban sobremanera ese pequeño inconveniente. El Maná aumentaba las capacidades cerebrales de forma pasmosa y prolongaba la vida y salud de los órganos, ayudando a que estos fueran reemplazados con mayor facilidad y menos posibilidades de rechazo, haciendo a los Maestros de Maná mucho más longevos. El final por agotamiento, tras siglos de reemplazos, les llegaba igualmente. El colapso, tan conocido por otros potentados de la esfera humana que se podían permitir el intercambio de órganos clonados, era el fin. El colapso, aunque mucho más tarde, se producía inevitablemente, pero antes, con el transcurrir de las décadas, el Maná les iba dando esa apariencia enfermiza y desagradable que tenía el viejo Ardel Nomah.

Gracias a las capacidades sensoriales y cerebrales aumentadas, no era infrecuente ver a Maestros de Maná con Condicionamiento Reconocido de la Ciudadela de Mordus, prestar sus servicios en todo tipo de gobiernos humanos repartidos por toda la esfera conocida. Prestaban servicios como médicos, consejeros estrategas o en cualquier otra rama científica. Todo a un precio prohibitivo. Lógico: el coste de su principal vicio, la droga de Maná, era igualmente caro. Y a pesar de sus lealtades encontradas, todos y cada uno de ellos, al final, solamente eran fieles al Mordus y a su enigmática reina, la misteriosa Ellaria Clegane, que había sobrevivido por más de quince siglos, transfiriendo su conciencia completa a clones jóvenes de sí misma. Aquel, era un secreto guardado a voces a lo largo del imperio y por el que todos los gobernantes de la esfera humana, más tarde o temprano habían luchado y matado, siempre con infructuoso resultado. Pero aquel secreto, estaba solamente en manos de unos pocos elegidos que jamás salían de la Ciudadela Mordus… y por desgracia, Ardel Nomah no era uno de ellos.

Ardel Nomah, Actarus y Jeor Arryn

Nomah es el científico clave detrás del proyecto de la Exonave. Siguiendo las órdenes de Actarus, envía a su hijo al pasado, a los años previos al advenimiento del Axia en el Sistema Solar. Este acto crucial señala el fin de «Leyendas del Sol Negro» y el comienzo de la serie de «La Pureza«.