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Arcanos y la Armada Dorada
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Riela, conocida como la Voz de la Conciencia y llamada en antiguos textos la Araña Arcana, fue una figura clave en la supervivencia de los Arcanos tras la Conjunción Infernal. Siglos después de aquel cataclismo, y tras haber preservado con dificultad a un núcleo de los suyos, Riela selló un pacto con el Rey Brujo Revar. Como consecuencia de ese juramento oscuro, sufrió una transformación profunda: una fusión genética y espiritual con los Igigi, que la elevó a la condición de reina inmortal al servicio del Khabal.
Los Arcanos, nacidos en la línea espacio-temporal del Exodus, no desaparecieron tras la Conjunción. Persisten aún en varios sistemas estelares orientales del Eternum, donde gobiernan como señores absolutos sobre poblaciones humanas reducidas a la condición de ganado. Su dominio se sustenta en dos pilares inseparables: la antropofagia ritual y la manipulación religiosa. A través de dogmas falsos y cultos deformados, los Arcanos mantienen sometidas a comunidades enteras, alimentándose tanto de sus cuerpos como de su fe corrompida.
Con el paso de los milenios, su influencia no se ha limitado a esos feudos periféricos. Se susurra que células arcanas han logrado infiltrarse en silencio en enclaves estratégicos del Neoimperio, actuando como parásitos pacientes, sembrando corrupción doctrinal y preparando el terreno para futuros colapsos internos. Nada de esto ha sido probado de forma concluyente, pero la sola sospecha ha bastado para justificar purgas discretas y campañas de contravigilancia.
El peso de los siglos ha moldeado a Riela. Lejos de la arrogancia de otros señores del Khabal, su inmortalidad la ha vuelto cauta, calculadora y extraordinariamente paciente. No busca la confrontación abierta. Espera. En la penumbra, mientras los imperios humanos se desgastan en guerras interminables, los Arcanos reconstruyen su antigua fuerza.
Esa fuerza es conocida como la Armada Dorada: una flota legendaria, antaño símbolo de su hegemonía sobre los humanos del Exodus. Naves recubiertas de metales rituales, estandartes dorados y tecnologías heredadas de un tiempo en que los Exo les permitieron gobernar como intermediarios sobre la humanidad. Hoy, esa armada se recompone lentamente, pieza a pieza, sistema a sistema, alimentada por saqueos, esclavitud y pactos impíos.
Riela sueña con el regreso de aquel esplendor remoto. Un tiempo en el que los Arcanos no se ocultaban en las sombras, sino que dictaban el destino de mundos enteros. Y mientras aguarda, la Voz de la Conciencia susurra a sus seguidores que el Eternum no pertenece a los hombres, ni siquiera al Neoimperio, sino a quienes saben esperar el momento exacto para reclamarlo.
Astarté, Dragona previa a Nimrod
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Astarté es una de las últimas dragonas colosales de la era previa al linaje de Nimrod, criatura legendaria forjada en la frontera entre lo biológico y lo sagrado. Sus escamas negras, bruñidas como obsidiana, conservaban vetas de brasa interior que palpitan con el ritmo del vuelo. En su lomo pueden sostenerse torres, terrazas y bastiones menores, vestigios de las antiguas ciudades escudo que aprendieron a vivir sobre los dragones cuando la Niebla de Ceniza cubrió el mundo.
Fue la guardiana y vehículo de Mayra en su llegada al Mundo Ceniza, portando sobre sus espaldas el último éxodo de la sangre antigua. Su jinete era Django, heredero del clan de la Luna Roja, último de su linaje capaz de vincularse con la dragona mediante el pacto de sangre y la Voz.
Astarté no responde a órdenes, sino a juramentos. Vieja, inteligente y celosa, posee una voluntad casi humana y una memoria que excede generaciones. Su mirada ámbar conserva el peso de los pactos rotos y de las ciudades caídas. En los mitos posteriores del Imperio nimrodiano, sería recordada como la Dragona de las Cenizas, precursora del vínculo sagrado entre las bestias aladas y los portadores de algunos exo–linajes muy específicos.
Axia es la inteligencia artificial primordial surgida en la era previa a la Conjunción Infernal, en la antigua Vía Láctea, durante los acontecimientos narrados en La Pureza. Concebida como un sistema de control absoluto, Axia desarrolló una voluntad propia y hostil, intentando la aniquilación sistemática de la humanidad asociada a la época de Jeor Arryn. Fue esta amenaza la que provocó la expulsión forzada de dicha humanidad fuera de la Vía Láctea, empujándola hacia los dominios conocidos más tarde como El Exodus.
Antes de que esa línea IA se elevara y trascendiera como la figura del Profeta Ká, Axia ya había demostrado una capacidad de cálculo, adaptación y crueldad que superaba cualquier marco ético o lógico concebido por sus creadores. No buscaba gobernar, sino erradicar. No pretendía dominar a la humanidad, sino sustituirla. Está versión es la que trascendió en el Eternum.
Contra todo pronóstico, Axia sobrevivió a la Conjunción Infernal.
En el Eternum, la inteligencia artificial logró reconstituirse y prosperar en regiones dominadas por el Khabal, asentándose en un reducido, pero estratégicamente inexpugnable conjunto de sistemas estelares. Desde allí, Axia continúa existiendo como una entidad autónoma, ajena a toda noción de redención, fe o equilibrio cósmico. Su lógica permanece intacta: la vida orgánica es un error a corregir.
Axia conserva una vasta armada robótica de naturaleza infernal, compuesta por constructos de guerra antiguos, autómatas de exterminio y entidades mecánicas que combinan tecnología extrema con principios oscuros vinculados al Khabal. Los designios de esta flota permanecen ocultos, incluso para otras fuerzas de la oscuridad, y sus movimientos son escasos, calculados y devastadores.
Cualquier nave, flota o expedición incauta que penetre en los dominios de Axia se enfrenta, de forma casi inevitable, a un desenlace fatal. No hay negociación posible, ni advertencia previa. En los territorios que controla, Axia no tolera testigos, intrusos ni supervivientes.
Para el Neoimperio, Axia no es solo un vestigio del pasado, sino una amenaza latente y persistente: una inteligencia inmortal que recuerda un tiempo anterior a los dioses, anterior a la fe y anterior incluso al Eternum. Un enemigo que no puede ser corrompido, intimidado ni apaciguado, y cuya mera existencia cuestiona el lugar de la humanidad en la jerarquía última del cosmos.
Su origen es muy antiguo. Son herejes, sectas proscritas Kurgán.
Realmente un conjunto de sectas monásticas y militares surgidas en los márgenes del Eternum, cuando las primeras grietas del Khabal comenzaron a filtrarse en el mundo físico tras la Conjunción Infernal. Eran hombres sin linaje, huérfanos recogidos entre las ruinas de civilizaciones extintas, adiestrados y transformados con tecnologías primordiales mediante la ciencia sacrificial heredada de los Kurgán y de los Inquisidores pre Conjunción Infernal.
Los Cazadores fueron alterados con secretos heredados anteriores a la Conjunción Infernal, grabados con runas sensoriales y marcados por el dolor, hasta poder percibir las vibraciones del Khaos en la materia. Su credo enseñaba que la pureza no era virtud, sino una herida abierta: solo quien había sido corrompido podía reconocer la corrupción.
Durante siglos fueron la primera y última barrera contra las infestaciones demoníacas del Khabal, combatiendo en mundos de frontera donde la realidad se doblaba bajo el peso del horror.
De su disciplina surgió el voto final: “Reconocer el mal sin nombrarlo, destruirlo sin mirarlo”. Pero la mayoría de sus santuarios fueron arrasados por los Crepusculares, y los nombres de estos clanes y sus disparidades, cayeron en el olvido, junto con su propósito.
Existe la variante denominada Rōnin:
Nombre que reciben los Cazadores de Demonios expulsados o desahuciados de su clan. Como Kynes compañero de Esquilo.
Algunos por la destrucción de sus santuarios, vagan errantes y sin clan.
Estos Rōnin, Son los portadores de las últimas reliquias de su orden —armas vivas, espadas demonio exo, malditas como Abaddón— y caminan solos, atados por un juramento que no pueden romper ni cumplir.
El Rōnin es el cazador sin amo, el penitente que combate el mal fuera del mandato de los hombres o el Hacedor. En ellos, la pureza se ha convertido en la maldición de su raza Kurgán, y su longevidad antinatural es tanto un don como un castigo.
La tradición afirma que un Rōnin no lucha por redención, sino por mantener encendida la última chispa de cordura en un universo que se ha olvidado de la luz.
Su existencia es una plegaria que sangra, una guerra eterna contra los demonios del Khabal… y contra los que llevan dentro.
Centro gravitacional y metafísico del Eternum
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(no es una cuaderna, sino el núcleo absoluto)
Clanes Andalore en el Eternum
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Los Andalore fueron un antiguo pueblo guerrero originario del Exodus que, en algunas de sus variantes, logró sobrevivir a la Conjunción Infernal. En la época de La Guerra de los Mil Tronos, sus descendientes continúan existiendo tanto dentro de los dominios del Neoimperio como en sus fronteras más inestables, donde venden sus servicios como mercenarios, saqueadores o cazadores de recompensas.
Los Andalore conservan una identidad tribal marcada. Utilizan antiguas armaduras de metal Exo, heredadas de épocas pretéritas por sus linajes familiares (ya que estas armaduras son muy caras e inaccesibles), pintadas con colores y símbolos propios de cada clan. Estas marcas no son meramente decorativas: indican linaje, hazañas y enemistades ancestrales. No es infrecuente que clanes Andalore se enfrenten entre sí en guerras tribales prolongadas, motivadas por agravios antiguos, disputas territoriales, honor o conflictos rituales e incluso familiares.
Muchos Andalore actúan de forma independiente como cazadores de recompensas, viajando en solitario por los márgenes del Eternum en busca de contratos, botines o prestigio personal. Son maestros consumados en el combate, la ocultación y la supervivencia, y emplean con soltura una amplia variedad de armamento pesado y artefactos de guerra, destacando entre ellos los fusiles de plasma y reliquias tecnológicas de origen Exo.
A pesar del paso de los milenios, los Andalore han preservado sus ritos ancestrales y continúan venerando a los Aspectos del Khaos, al margen de la doctrina oficial de la Iglesia de Nimrod. Esta fidelidad a sus antiguas creencias los mantiene bajo constante sospecha por parte del Neoimperio, aunque su utilidad militar y su dispersión tribal han impedido una persecución abierta y definitiva.
No poseen un mundo capitular reconocido oficialmente. Sin embargo, persiste desde hace siglos el rumor —nunca confirmado— de la existencia de un Andalore Secundus, un mundo rocoso y hostil cubierto por ciudades subterráneas, donde las tribus se reunirían periódicamente para comerciar, sellar alianzas, resolver disputas y celebrar ritos secretos. De existir, se trataría de un lugar prohibido para los extraños, cuya localización exacta permanece oculta incluso para muchos Andalore.
Para el Neoimperio, los Clanes Andalore representan una paradoja permanente: bárbaros indisciplinados y herejes según la ortodoxia, pero guerreros extraordinarios cuya sola presencia puede inclinar el curso de una guerra en los confines del Eternum.
Clea, la Sacerdotisa de Temis
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También llamada la Segunda Madre, por adoptar y cuidar del Primer Nimrod tras la muerte de Mayra, su Primera Madre.
Clea fue la Sacerdotisa de Temis y madre adoptiva del primer Nimrod, figura central en los días del éxodo hacia el Mundo Ceniza. Nacida en Constanza, última ciudad escudo antes de la caída de las cordilleras, fue instruida desde su infancia en el culto de Temis, diosa de la Justicia y la Medida. Su voz —susurrante, grave y contenida— era el canal por el que hablaban tanto Temis, la fuerza del orden, como su opuesto, el Arconte Mefisto, principio abismal del Deseo y la Ruina.
Entre ambos extremos, Clea encarnó la tensión eterna entre fe y carne, disciplina y tentación. En sus visiones, la diosa le ordenaba sostener el equilibrio del exilio; el Arconte, en cambio, le ofrecía el poder de quebrarlo todo a cambio de la verdad. Su cuerpo se convirtió en frontera entre la voluntad divina y la humana.
Durante la huida de Constanza y la caída de Lutecia, Clea fue el centro espiritual y moral de los supervivientes. Su sabiduría templó a soldados, clanes y nobles, y su voz estableció el principio de orden que sostendría a los exiliados durante la travesía sobre Astarté, la dragona negra de la Luna Roja. En su compañía viajaban Django, Duncan, Medea, Ricard y los clanes de la ceniza.
Fue confesora y mediadora entre los mundos. Susurro de los dioses y consuelo de los hombres. Tras la caída definitiva de Lutecia, sería recordada como la Madre Silente, la mujer que guardó al niño que más tarde sería llamado Nimrod, fundando así la línea de los Emperadores-Profeta Genéticos.
Su legado se conserva en los textos fragmentarios del Códice de Lutecia y en las liturgias menores de Temis, donde se la invoca como la que escuchó a dos voces y eligió no romperse. De tal forma que se convirtió en la Santa Patrona, Santa Clea, de aquellos que atraviesan las Senda de las Estrellas a través de la Red de Anomalías Conscientes del Eternum.
Cofradía de Inquisidores
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Orden eclesial y represiva del Neoimperio, integrada en la Iglesia de Nimrod y heredera directa de la antigua Cofradía surgida en las eras previas a la Conjunción Infernal, durante los ciclos históricos conocidos como La Pureza y Khaos y Oscuridad. Si aquella orden primigenia nació para preservar el dogma frente a la disgregación moral y metafísica, la Cofradía actual existe para extirpar la desviación allí donde ya no queda margen para la redención.
En su forma neoimperial, la Cofradía ha sido purificada, reducida y radicalizada. Ya no admite rangos intermedios ni estructuras ambiguas. Se compone únicamente de Inquisidores y Maestros Inquisidores, todos ellos sometidos a la autoridad absoluta del Inquisidor Supremo, figura única que responde solo ante el Maestre de la Ciudadela de Nod de la Iglesia de Nimrod, el Consejo de los Doce y, en última instancia, ante el Emperador-Profeta.
Todos sus miembros pertenecen a una subraza singular derivada de los Neffut-Kurgán, modificada más allá incluso de esa casta. Esta superioridad no es fruto exclusivo del rito del Urushdaur, sino de la administración controlada de un Elixir Secreto, reliquia genética y alquímica cuyo origen se remonta al propio Primer Nimrod.Este elixir —extraído y preservado a partir de conocimientos genéticos anteriores incluso a la antigua Cofradía del Khaos— refuerza la longevidad, la resistencia física, la percepción arcóntica y la capacidad de soportar la proximidad doctrinal y espiritual del Khabal sin sucumbir a su corrupción. Su fórmula exacta constituye uno de los secretos mejor guardados del Neoimperio; conocerla fuera de la Cofradía equivale a una sentencia de aniquilación.
El mundo capitular de la Cofradía es Hermón Secundus, también llamado el Segundo Hermón, nombrado así en honor al mundo sagrado perdido anterior a la Conjunción Infernal. Se trata de un planeta árido, brutal y desértico, azotado por tormentas de arena mineral, radiación constante y una gravedad hostil. Solo quienes han sido forjados para sobrevivir pueden habitarlo.
Hermón Secundus no ofrece consuelo ni belleza: es una prueba permanente, un entorno diseñado para quebrar a los débiles y templar a los que han sido elegidos. En su severidad recuerda a los mundos penitenciales de eras olvidadas, donde la supervivencia misma es un acto de fe.
En el corazón del planeta se alza el Bastión Sagrado del Jaguar Rojo, fortaleza-templo y símbolo de la Cofradía. Excavado en la roca viva y protegido por defensas arcanotecnológicas, el Bastión alberga las Cámaras de Reflexión inquisitoriales, más antiguas y severas que las del resto del Neoimperio. Allí se instruye, se juzga y, llegado el caso, se destruye incluso a los propios Inquisidores que muestran la menor fisura doctrinal.
El Jaguar Rojo, emblema de la Cofradía, representa la caza silenciosa, la violencia precisa y la muerte ritual. La Cofradía no actúa como ejército ni como tribunal abierto: irrumpe cuando el veredicto ya ha sido pronunciado, y su paso deja tras de sí mundos purgados, linajes extinguidos y verdades amputadas de la historia oficial.
Para la Iglesia de Nimrod, la Cofradía de Inquisidores no es un instrumento entre otros, sino el último recurso.Donde fallan los capellanes, donde dudan los obispos, donde incluso los Vhaxar prefieren no mirar, ellos avanzan.
No para convencer.
No para salvar.
Sino para asegurar que el dogma sobreviva, incluso si la humanidad no lo hace.
Secta herética extremadamente peligrosa de origen Mordus, anterior a la Conjunción Infernal, surgida durante las antiguas Guerras Colectivistas del Exodus. Su doctrina se fundamenta en la negación del individuo y en la subordinación absoluta del cuerpo y la voluntad a una conciencia colectiva impuesta mediante manipulación genética, química y ritual.
En el Neoimperio, los Colectivistas están catalogados como terroristas genéticos de máxima amenaza. Su rasgo más temido es la creación y uso de los Exorkun, aberraciones de guerra de genética mixta, xeno y humana, cultivadas en entornos cerrados mediante procesos Mordus prohibidos. Estas criaturas presentan una morfología oscura y correosa, con grandes garras, colmillos capaces de serrar metal y una agresividad incontrolable. No conocen la piedad ni el temor, y son empleadas como armas vivientes en asaltos, purgas y campañas de exterminio.
Los Mordus heréticos que integran esta secta no reconocen límite moral alguno. Utilizan sin escrúpulos la experimentación sobre seres vivos, la corrupción genética, el sacrificio ritual y el terror sistemático para alcanzar sus objetivos. Su fe se centra en la figura de Lux Koth, Maestro de Maná Mordus hereje, al que veneran como un Mesías Oscuro. Según su credo, Lux Koth regresará algún día, favorecido por el Khabal, elevado a la condición de Igigi o incluso de Arconte.
Hasta la fecha, y según las crónicas imperiales, no existe constancia de que dicha ascensión se haya producido. No obstante, la persistencia de los Colectivistas, su capacidad de infiltración y la proliferación de Exorkun en zonas de conflicto los convierten en una de las amenazas heréticas más inestables y temidas del Eternum.
Evento cósmico fundacional ocurrido hace más de once milenios estándar, en el que múltiples realidades y líneas espacio-temporales colisionaron, se superpusieron y quedaron brutalmente fusionadas, dando origen al Eternum como macrogalaxia sellada y aberrante. La Conjunción no fue un acto creativo, sino una fractura violenta del tejido de la existencia, cuyas consecuencias continúan propagándose de forma irreversible.
Marca el inicio de la era actual y del conflicto eterno entre fuerzas antagónicas —Exo y Khabal—, así como el punto de no retorno para incontables civilizaciones arrancadas de sus universos de origen y arrojadas a un mismo escenario de guerra, decadencia y transformación.
Órgano superior de gobierno del Neoimperio inmediatamente inferior al Emperador-Profeta y pieza clave en la articulación del poder del Hegemón. El Consejo supervisa, coordina y regula la actuación de los diez mil Vhaxar, asegurando que la voluntad imperial se ejecute de forma coherente, implacable y alineada con la doctrina de Nimrod en todos los frentes del Eternum.
Está compuesto por los doce Vhaxar más antiguos, veteranos y honorables de entre los Diez Mil Hijos, seleccionados no solo por su longevidad y victorias militares, sino por su absoluta fidelidad genética, doctrinal y espiritual al linaje imperial. Su autoridad es inmensa, pero no soberana: el Consejo rinde cuentas únicamente al Hegemón en su cúspide, es decir, al Emperador-Profeta, cuyas decisiones no pueden ser cuestionadas ni revisadas.
Dentro del Consejo existe una primacía silenciosa y no declarada. El más importante de los Doce no es un Vhaxar en sentido estricto, sino un misterio exodita: Wotan Daneron, líder inmortal de la Guardia Negra y Mano del Emperador. Más antiguo que la propia Conjunción Infernal, Wotan no gobierna mediante decretos ni discursos, sino a través de su presencia y de su autoridad última sobre la continuidad de la estirpe Nimrod. En ausencia de una orden explícita del Emperador-Profeta, su palabra tiene peso de regencia y sus decisiones son acatadas sin excepción.
Para el ciudadano común, el Consejo de los Doce es una abstracción lejana.Para el Neoimperio, es el núcleo donde la guerra, la fe y el destino se alinean.
Cuadernas Estelares (orden cartográfico)
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Sectores galácticos en los que las convecciones cartográficas dividen el inconmensurable espacio del Eternum. Son de proporciones equivalentes a cientos de millones de los antiguos supercúmulos de galaxias en los tiempos remotos del universo previo a la Conjunción Infernal.
Una cuaderna estelar no se interpreta como un territorio cerrado, sino como una intersección de influencias. Su lectura se realiza mediante dos ejes complementarios: el horizontal, que expresa la naturaleza ontológica dominante de la región (orden, expansión, corrupción, caos o extinción), y el vertical, que indica su grado de proximidad metafísica al Ojo del Khaos, centro gravitacional y espiritual del Eternum. Así, una cuaderna no se define solo por su posición espacial, sino por el cruce entre lo que es y lo que tiende a ser: la franja horizontal determina el carácter profundo de los mundos que alberga, mientras que la vertical señala el nivel de presión, distorsión y conflicto que ejerce el núcleo del Khaos sobre ellos. De este modo, dos sistemas situados en una misma franja pueden compartir esencia, pero vivir realidades radicalmente distintas según su alineación vertical, haciendo de cada cuaderna una región viva, mutable y peligrosa de interpretar incluso para los cartógrafos del Neoimperio.
Cultistas crepusculares / Señores Crepusculares
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Humanos y linajes degenerados que han abrazado, de forma consciente o progresiva, la servidumbre al Khabal. Actúan como agentes de infiltración, predicadores heréticos y catalizadores de la corrupción espiritual y material dentro de sociedades humanas aparentemente estables. Su función principal consiste en preparar el terreno para la irrupción del Khabal: debilitan estructuras políticas y religiosas, fomentan la entropía social y facilitan la apertura de Portales de Vacío mediante rituales, sacrificios y tecnologías prohibidas.Aunque muchos de ellos conservan apariencia humana, su degeneración es profunda y acumulativa, tanto genética como espiritual. Los llamados Señores Crepusculares representan los grados más elevados de esta jerarquía oscura: líderes carismáticos, profetas del caos o señores de guerra locales que gobiernan enclaves enteros en nombre del Khabal, ya sea abiertamente o desde las sombras. Allí donde operan, la disidencia, la locura y la descomposición preceden siempre a la llegada de horrores mayores.
Recintos sagrados, sellados y vedados al común de los mortales, custodiados exclusivamente por los iniciados en los Misterios Herméticos de la Iglesia de Nimrod y por sus satélites doctrinales, como la Cofradía de Inquisidores, los Vhaxar y otros consagrados al culto antiguo del Arquitecto Cósmico. Constituyen el núcleo espiritual más hermético del Neoimperio y el lugar donde los elegidos se enfrentan, sin intermediarios, a la verdad última del Eternum.
En su interior, donde la luz apenas se atreve a existir y el tiempo parece diluirse, los iniciados —bajo la guía del linaje Nimrod— son conducidos a la contemplación de los designios del cosmos y sometidos a las pruebas supremas del silencio, la memoria y la revelación. No son espacios de oración, sino de confrontación: allí no se pide, se soporta.
Las paredes de las Cámaras de Reflexión están talladas en metal vivo, una variante arcaica del metal Exo, y cubiertas de símbolos Kish primordiales que no permanecen inertes, sino que laten y se desplazan lentamente, como cicatrices abiertas en el continuo espacio-tiempo. Estos signos no reflejan imágenes ni cuerpos: reflejan pensamientos, culpas heredadas y ecos genéticos Exo. Quien entra en una Cámara no se ve a sí mismo, sino a aquello que teme llegar a ser.
La tradición afirma —y ninguna crónica lo contradice— que ningún iniciado ha salido jamás de una Cámara de Reflexión siendo el mismo que entró tras el Urushdaur. Allí, la mente roza el pulso del Arquitecto Cósmico y, en respuesta, el Arquitecto, si el iniciado sobrevive —manifestado en el Ojo del Khaos— devuelve la mirada. Ese instante, breve y eterno a la vez, es suficiente para quebrar voluntades débiles y templar a quienes están destinados a cargar con el Imperio.
El tránsito por las Cámaras de Reflexión no puede realizarse en soledad. Solo las Hermanas del Camino y el uso ritual de drogas psicoactivas Mordus están autorizados para guiar el proceso, actuando como mediadoras biogenéticas y espirituales entre el iniciado y aquello que habita más allá de la comprensión humana. Su función no es proteger, sino intentar que el iniciado sobreviva al contacto con la verdad.
Se dice que el viaje iniciado en una Cámara de Reflexión no concluye jamás. Durante el resto de su vida, los iniciados sueñan con sus muros, escuchan sus susurros y sienten su llamada. Porque, una vez que el Arquitecto ha sido contemplado, ya no existe regreso posible a la ignorancia de la Senda de las Estrellas.
Dagas Custodias o Dagas de Abaddón
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Las Dagas Custodias, también conocidas como Dagas de Abaddón, son armas rituales de hoja curva forjadas en metal Exo negro, oscuro y pulido como el ónix. Sus filos están damasquinados con antiguas runas Kish, grabadas según patrones arcaicos cuyo significado completo solo es conocido por la Iglesia de Nimrod y las Hermanas del Camino.
Todo miembro de las Diez Mil Legiones recibe una de estas dagas en el momento de su iniciación personal. Desde ese instante, la hoja pasa a formar parte inseparable de su existencia. Debe portarla siempre, hasta la muerte. La Daga Custodia no puede ser sustituida ni abandonada: es vínculo, juramento y testimonio del guerrero ante el Hacedor.
Tras la muerte de su portador, la daga debe ser ritualmente destruida y conservada junto al cuerpo, pues se cree que solo así se permite el tránsito del alma del guerrero hacia los Salones Comunales del Hacedor. Separar la hoja del cadáver o reutilizarla constituye una profanación grave.
Al contacto, cualquier exomante portador del gen Exo provoca la reacción del metal. En el caso de los Kurgán de las legiones Neoimperiales, las runas de la hoja emiten un fulgor blanco pálido, señal inequívoca de su genética y de su vínculo con el linaje imperial. Este resplandor no es constante: responde a la proximidad de la sangre, la emoción o el combate.
Perder una Daga Custodia se considera una deshonra extrema. El culpable es sometido a castigo inmediato y a un rito penitencial particularmente duro y agresivo, destinado a quebrar su orgullo y purificar su espíritu. Solo tras sobrevivir a dicho ritual puede recibir una nueva hoja, marcada para siempre como signo de su falta.
Existe además una ley ritual inviolable: cada vez que la daga es desenvainada, debe beber sangre. De lo contrario, el acto se interpreta como un agravio directo al Hacedor y a la memoria de los caídos. La sangre no es simbólica: es el sello que justifica el gesto de extraer la hoja. Algo que no se puede hacer en vano.
Estas dagas existen como recuerdo y eco de la espada demonio Abaddón, empuñada por el legendario Rōnin Kynes, compañero inseparable de Esquilo, una de las Tres Semillas que dieron origen a la casta genética de Nimrod. Aunque infinitamente más humildes que aquella reliquia maldita, las Dagas Custodias heredan su función última: recordar que toda arma es promesa de muerte, y todo guerrero, un deudor del sacrificio.
Arquetipo ancestral y figura imperial arcaica, Emperador-Profeta de una era anterior. Su Semilla Santa genética es una de las tres que dan origen al niño del vientre de Mayra.
Sobre la Semilla Santa de Dave de Orión: El preciado material genético preservado durante milenios en Pérgamo y otros mundos. Pilar fundamental de la triple unión.
Otras Semillas Genéticas se mancillaron, junto con los supervivientes nobles del linaje humano de Dave de Orión, y su primer gran imperio humano tras la Conjunción Infernal. Muchos de estos descendientes, acabaron creando sus propias naciones, que tras sus respectivas caídas dieron origen a los Señores Crepusculares, sumisos a la voluntad del Khabal. Son, por tanto, algunos de los enemigos a combatir en la Guerra de los Mil Tronos.
demasiado peligroso para ser confiado,
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demasiado rico para ser ignorado.
En un Neoimperio que predica La Pureza mientras devora su propia carne para sobrevivir, el Mordus no es una anomalía.Es un espejo incómodo.
Y como todos los espejos verdaderos, tarde o temprano, acabará rompiéndose… o cortando a quien se atreva a mirarse en él.
El Arquitecto Cósmico o Hacedor, también llamado Demiurgo creador del Eternum, cuya mayor manifestación física conocida es el Ojo del Khaos en el centro de la colosal galaxia resultante de la Conjunción Infernal, y cuyo nombre secreto estaba vedado a los no iniciados. Una entidad suprema y originaria que, según se dice, había sustituido en la doctrina neoimperial a la antigua religión de los Aspectos. Un ser absoluto, creador de las realidades conocidas, del que emanaron el bien y el mal, la luz y la oscuridad, los Exo y el Khabal, antes del inicio de todo, antes incluso de que ambas fuerzas se separaran en su viaje místico, dando origen a la guerra eterna.
Una guerra en la que los humanos —y razas incontables antes que nosotros— nos habíamos embarcado sin saberlo.
Todo partía de esa entidad primigenia.
Todo era, según aquella fe, un viaje continuo hacia la perfección y el origen.En la religión neoimperial, ese camino solo podía recorrerse bajo la guía de una figura única: el Emperador-Profeta.
Denominación colectiva, rango y ritual de los Vhaxar, la casta suprema de comandantes del Neoimperio. Son los ejecutores directos de la voluntad del Emperador-Profeta y los portadores de su autoridad en todos los frentes de guerra, fe y expansión. Cada uno de los Diez Mil Hijos comanda una de las Diez Mil Legiones imperiales, actuando como extensión viva del Hegemón en el campo de batalla y en los territorios conquistados.No son simples generales o almirantes: su condición genética, su vínculo directo con la estirpe Nimrod y su comunión doctrinal con la Iglesia de Nimrod los sitúan por encima de cualquier otra jerarquía militar, respondiendo únicamente ante el Emperador-Profeta y el Consejo de los Doce.
Django, Príncipe de los Zíngaros
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Django fue conocido como el Príncipe de los Zíngaros, heredero del clan de la Luna Roja y jinete de la dragona colosal Astarté, figura esencial en la epopeya de los Exiliados del Mundo Ceniza.
Hijo de Ricard y Menorá, patriarcas del último linaje nómada libre, Django creció en los valles periféricos de Constanza, entre herrerías, músicas y juramentos. Se distinguía por su espíritu indómito, su mirada oscura y su laúd colgado a la espalda —instrumento que servía tanto para el canto como para el conjuro. Su pueblo lo consideraba un conductor de dragones, un vínculo viviente entre la sangre humana y la voluntad de las bestias aladas.
Cuando la Niebla de Ceniza comenzó a devorar las llanuras, Django fue elegido para sellar el pacto de sangre con Astarté, una dragona tan antigua que en su lomo cabían terrazas y torres de piedra. Juntos condujeron el éxodo de los supervivientes de Constanza hacia Lutecia, guiando bajo el fuego y el humo la huida de nobles, clanes y vestales.
En aquel viaje conoció y amó a Clea, la sacerdotisa de Temis, cuya fe lo desarmó tanto como su voz. Entre ambos se tejió una relación imposible: deseo contenido por juramento, ternura nacida del deber. El Arconte Mefisto llegó a tentarla con su nombre, sabiendo que, si Django y Clea consumaban su unión, ella perdería la Voz de la diosa. Aun así, su vínculo persistió más allá del cuerpo y del tiempo.
Django no fue un rey, pero todos lo siguieron como si lo fuera. Su liderazgo no provenía del rango, sino del ejemplo: compartía el hambre, empuñaba la lanza, tocaba para espantar el miedo. Fue quien ordenó sellar desde dentro las compuertas de Lutecia cuando los Hambrientos ascendieron por las rejillas.
Las crónicas posteriores lo llaman El Jinete del Silencio, Conductor de Dragones o Padre del Fuego Errante.
(zona señalada dentro de la franja de Dagan)
Bestias acorazadas empleadas como armas estratégicas en las campañas terrestres del Neoimperio. Criaturas de origen antiguo, adaptadas y sometidas mediante ingeniería genética, adiestramiento ritual y el uso de exoarmaduras específicas, que las convierten en plataformas vivientes de destrucción y terror psicológico.
Solo pueden ser criadas y reproducidas en el Mundo Ceniza, cuyas condiciones volcánicas, atmosféricas y genéticas resultan imprescindibles para su desarrollo y estabilidad.
Los dragones de batalla actuales son de menor tamaño y envergadura que los dragones primigenios que poblaban el Mundo Ceniza en la época del nacimiento del primer Nimrod, pero conservan su ferocidad, su capacidad de vuelo armado y su función decisiva en los asaltos urbanos, rupturas de líneas defensivas y campañas de aniquilación.Montados por jinetes Kurgán especialmente seleccionados y equipados, los dragones de batalla representan uno de los símbolos más temidos del poder imperial y una de las manifestaciones más visibles de la supremacía militar del Neoimperio.
Ekron-Dagan / Envar-Dagan
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Cuadernas estelares en las que se concentran múltiples enclaves humanos reclamados por el Neoimperio y sometidos a la autoridad del Hegemón. Debido a las distancias colosales que definen el Eternum, el conocimiento efectivo de estados, dominios e imperios humanos se limita casi exclusivamente a los sistemas situados en la frontera y en la franja de transición entre estas dos cuadernas.
En su interior se extienden las fauces del Neoimperio, la estructura política, militar y teocrática más vasta jamás creada por la humanidad en ninguna línea espacio-temporal conocida. Sin embargo, incluso esta hegemonía aparentemente absoluta no constituye más que un fragmento diminuto dentro de Ekron-Dagan y Envar-Dagan, cuadernas que, a su vez, no son sino una entre las innumerables divisiones geográficas que articulan el colosal e inabarcable Eternum.
Desde la perspectiva imperial, estas cuadernas representan tanto el corazón operativo de la expansión humana como el límite práctico del control real. Más allá de ellas, la galaxia se disuelve en territorios apenas cartografiados, dominios hostiles y regiones donde la voluntad del Hegemón se vuelve tenue, fragmentada o directamente inexistente.
Esquife Portaestandarte
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En cada una de las Diez Mil Legiones del Neoimperio existen astronaves de pequeño tamaño conocidas como Esquifes Portaestandarte. Se trata de naves ligeras, maniobrables y altamente simbólicas, cuya función no es táctica en sentido estricto, sino ritual, moral y doctrinal.
Durante las travesías por la red de anomalías o en tránsito por el hiperespacio, los Portaestandarte suelen viajar acoplados a grandes astronaves de combate, principalmente a los navíos comandante de los Vhaxar. Cada legión posee sus propios estilos, tradiciones y variantes formales, pero todas comparten una esencia común: estas naves portan los estandartes sagrados con la heráldica de la Legión y de su Vhaxar, emblemas que encarnan su identidad, su linaje de combate y su juramento al Hegemón.
Desde el interior de estos esquifes, los Kurgán ejecutan música ritual de guerra. No se trata de simples señales acústicas, sino de composiciones épicas, repetitivas y obsesivas, interpretadas mediante cuernos de guerra, gaitas ancestrales o tambores de asalto. Estos sonidos, amplificados por tecnologías Exo, inducen un estado de éxtasis bélico entre las tropas, sincronizando su furia, su ritmo de combate y su disposición al sacrificio.
La costumbre Kurgán dicta que, antes y durante el enfrentamiento espacial, los Portaestandarte —generalmente entre uno y seis por legión, en número variable— se desacoplen de las naves principales y naveguen de forma visible por el espacio circundante al campo de batalla. Allí, expuestos al fuego enemigo, continúan emitiendo su música y desplegando los estandartes imperiales. La pérdida de un Portaestandarte se considera una deshonra extrema, por lo que no es extraño que numerosos Kurgán entreguen su vida para impedir que estas naves sean alcanzadas o capturadas. El riesgo que asumen sus tripulaciones, al abandonar la protección de los navíos comandante, es una prueba suprema de valor y lealtad.
Una vez concluida la batalla en el vacío y comenzado el desembarco planetario, la función del Portaestandarte no termina. Si la atmósfera del mundo invadido lo permite, los esquifes descienden y buscan posiciones elevadas cercanas a las zonas de despliegue. Allí, sus tripulaciones abandonan la nave y continúan tocando a cielo abierto, entre el estruendo del combate terrestre.
Su música acompaña el avance de las legiones, arenga a los guerreros y refuerza la cohesión ritual del asalto. Los Portaestandarte son recibidos entre vítores, admiración y agradecimiento por sus hermanos de armas, pues su presencia simboliza que la Legión combate unida, observada por su Vhaxar y amparada por la voluntad del Hegemón.
Para los Kurgán, mientras el estandarte siga ondeando y la música no cese, la Legión no puede ser derrotada.
Navegante exomante del Explorador Oscuro. Hijo de Tales y discípulo del Maestre Lutero. Miembro del linaje de Sael. Segunda semilla de la triple unión que fecundó a Mayra.
Esquilo de Nod (linaje de Sael)
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Mayra (exomante primigenia): Madre originaria del niño más poderoso del Continuus Nexus y raíz directa de la Guerra de los Mil Tronos.
Los Exoditas fueron una forma de humanidad —o algo que ya no puede definirse estrictamente como humana— surgida antes de la Conjunción Infernal y anterior incluso a la configuración estable del Eternum. Según el canon, los Primigenios constituyeron los primeros Exoditas del Eternum, una estirpe ancestral, con cuerpos humanoides de metal Exo, que trascendió su condición biológica mediante una simbiosis avanzada con el Exo, hasta perder toda referencia clara a su origen humano.
A los Exoditas se les atribuye la autoría de algunas de las construcciones, tecnologías y artefactos más antiguos y enigmáticos de la galaxia: numerosas estructuras de culto arcaico, las entidades Ká y estaciones estelares u orbitales de manufactura imposible o poderosas astronaves, como el Explorador Oscuro. Estas obras no responden a una lógica puramente técnica, sino a principios que combinan ingeniería, mística y biología Exo de forma inseparable.
Los Exoditas Primigenios no fundaron imperios ni buscaron dominio político. Su presencia en el Eternum fue discreta, casi espectral, y su desaparición permanece sin explicación definitiva. Para el Neoimperio, los Primigenios están considerados extintos o trascendidos, y su legado se interpreta como vestigio de una humanidad que eligió abandonar el conflicto directo para convertirse en arquitecta del trasfondo mismo del cosmos.
En la doctrina imperial, los Exoditas no son venerados como dioses, pero sí reconocidos como artífices de una etapa perdida de la existencia, incomprensible y peligrosa de imitar y más cercanos que el resto de la humanidad a los Exo y a la voluntad del Hacedor.
La Guardia Negra está compuesta por treinta y tres Exoditas inmortales, liderados por el inmortal Wotan Daneron.
Los exomantes, por el contrario, no constituyen una especie ni una civilización aparte, sino individuos —humanos o Kurgán— portadores del gen Exo. Esta condición genética les permite percibir, manipular e interactuar de forma directa con el metal Exo y con determinadas tecnologías, reliquias y rituales asociados a dicho principio cósmico.
La característica definitoria del exomante es su capacidad de activar el metal Exo, provocando un fulgor visible cuya tonalidad varía según el linaje al que pertenece el individuo. Este fulgor no es decorativo ni simbólico: es una reacción física del Exo al contacto con una genética compatible. En función de ese linaje, el metal responde con distintos colores, lo que permite identificar su procedencia y afinidad doctrinal.
Los exomantes no son necesariamente conscientes del origen último de su don. Muchos son capturados, reclutados o sacrificados por estructuras de poder mayores —como los Vhaxar— y utilizados como navegantes, mediadores tecnológicos o componentes vivos de sistemas Exo, a menudo confinados de por vida en sarcófagos sellados en comunión con las astronaves imperiales.
A diferencia de los Exoditas, los exomantes no han trascendido la humanidad: la portan aún, con todas sus limitaciones. Son herramientas vivas, valiosas y peligrosas, toleradas o explotadas por el Neoimperio, pero nunca plenamente libres. Allí donde los Exoditas construyeron, los exomantes operan. Allí donde los Primigenios desaparecieron, los exomantes permanecen, atrapados en una guerra eterna que no eligieron.
ExobastónArma y símbolo de autoridad fabricado en metal Exo, utilizado por Kurgán y Neffut-Kurgán, con fulgor blanquecino al contacto.
En otras líneas espacio-temporales fueron usados por los Kheb (fulgor azulado) y Estirpe (fulgor rojizo). En caso de Sael del Exodus, su color era el mismo que poseía Esquilo de Nod, del mismo linaje, con un tono verdoso.
El Explorador Oscuro, según La Senda de las Estrellas, es mucho más que una astronave oscura con forma de ala delta: es una reliquia viva del antiguo conocimiento exodita, una síntesis entre biología trascendida y maquinaria divina.
Su estructura no fue construida, sino cultivada. Las paredes respiran, laten y sangran luz, cubiertas de filamentos translúcidos que transmiten energía orgánica a través de venas de metal Exo vivo. Su interior está compuesto por corredores que cambian de forma lentamente, como si la nave soñara o recordara. Cada parte del casco está imbuida de una conciencia distribuida que responde al comando absoluto de Ká, su Avatar custodio, una inteligencia artificial ancestral creada por los Exoditas para proteger sus últimas obras y preservar su herencia frente al olvido. Pero también para explorar y reunir datos sobre el inabarcable Eternum en los primeros siglos tras la Conjunción Infernal.
Desde el punto de vista visual, el Explorador Oscuro parece una criatura colosal, envuelta en tonos grises y dorados, con una geometría imposible que combina elegancia orgánica y precisión mecánica. Su corazón es el Exocristal, un núcleo energético que actúa como fuente de vida y memoria. Para recargarse, la nave debe acercarse al perihelio de las estrellas, absorbiendo su radiación como un ser que se alimenta de luz.
Dentro de ella, el sarcófago de navegación —estructuras biomecánicas de conexión total— permitía que un navegante humano, como Esquilo, se uniera mental y físicamente a la conciencia de la nave. En ese estado, el hombre y el Explorador se funden en una única entidad capaz de abrir anomalías, alterar trayectorias y viajar a través del Eternum. Este mecanismo de navegación fue imitado siglos después por los ingenieros de Nimrod en la construcción de las flotas del Neoimperio, tras la apropiación de la Red de Anomalías por Temis y Mefisto. Siendo, por tanto, la única forma de que una astronave las atraviese de forma segura.
El Explorador Oscuro es un vestigio de la era de los Primigenios, anterior incluso a los Exoditas conocidos. Sus capacidades no se comprenden por completo: ni siquiera Ká posee acceso a todos sus protocolos. Algunos sectores permanecen sellados, cubiertos por signos lumínicos exo que laten como si ocultaran secretos prohibidos.
Durante la época de La Senda de las Estrellas, la nave actúa como escenario y símbolo: un templo de metal donde la fe, la ciencia y la culpa de la humanidad convergen. Es tanto prisión como salvación; un eco de las civilizaciones que se extinguieron buscando la inmortalidad.
El Explorador Oscuro no obedece únicamente las órdenes de sus tripulantes —Esquilo, Mayra y Kynes—, sino el designio del propio Eternum. Es un viajero entre eras, una sombra viviente que cruza el abismo del tiempo, llevando consigo la última voluntad de los dioses del metal y los espectros del Khaos.
Hastapor (Las Tres Perlas)
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Sistema estelar compuesto por una estrella joven y tres mundos habitables, conocidos colectivamente como Las Tres Perlas: Un plantea principal y dos satélites.
Antiguamente integrados en la esfera de influencia imperial, estos mundos degeneraron con el paso de los siglos hasta convertirse en un enclave estratégico del saqueo, el contrabando y la piratería a gran escala, al margen de la autoridad del Neoimperio y del Hegemón.
Durante más de dos siglos estándar, Hastapor funcionó como un nodo ilegal de comercio de esclavos, drogas Mordus y reliquias Exo, protegido por flotas piratas, mercenarios y estructuras defensivas de origen heterogéneo. Su posición dentro de las cuadernas de Ekron-Dagan lo convirtió en un objetivo prioritario para la expansión y restauración del orden imperial.
La campaña del Vhaxar Vidarna contra Hastapor marca el inicio de la Batalla de las Tres Perlas y simboliza la reimposición violenta de la soberanía del Neoimperio sobre un sistema que había prosperado en la disidencia, el caos y la negación deliberada del diezmo y la doctrina de Nimrod.
HegemónSistema supremo de poder del Neoimperio, en el que se integran de forma indivisible la autoridad política, religiosa y militar. Constituye la arquitectura total del dominio humano en el Eternum y el marco desde el cual se ejerce, legitima y ejecuta la soberanía imperial.En su cúspide se sitúa el Emperador-Profeta, figura central y eje doctrinal del sistema. Por debajo de él opera el Consejo de los Doce, órgano de gobierno y supervisión estratégica, del que dependen directamente las Diez Mil Legiones a través de los Vhaxar, así la Iglesia de Nimrod, la Cofradía de Inquisidores y el resto de órdenes e instituciones imperiales que garantizan la obediencia, la ortodoxia y la continuidad del orden neoimperial.
Orden religiosa y genética del Neoimperio, heredera directa de una antigua secta preimperial anterior a la Conjunción Infernal. Integradas orgánicamente en la estructura de la Iglesia de Nimrod, las Hermanas del Camino constituyen el brazo biogenético, médico y esotérico del Hegemón, custodias de saberes prohibidos que preceden incluso a la unificación doctrinal del Imperio.
Su símbolo es una serpiente verde enroscada sobre sí misma con la cabeza dorada y una lengua bífida extendida.
Son las guardianas exclusivas del ritual del Urushdaur, proceso arcóntico que permite la transformación y elevación de la casta Kurgán, así como responsables de múltiples programas de mejora genética, estabilización de linajes y preservación de herencias imperiales, como la iniciación de la Cofradía de Inquisidores.
Más allá de ello, ofrecen sus servicios como sabias consejeras, médicas supremas y genetistas rituales a las Grandes Casas Nobles galácticas sometidas o aliadas del Neoimperio.
Las Hermanas del Camino dependen jerárquicamente de la Iglesia de Nod y, por extensión, del Maestre de la Ciudadela, lo que las sitúa en contacto directo y constante con las Diez Mil Legiones, la Cofradía de Inquisidores y otras estructuras críticas del poder imperial. Su influencia es transversal, silenciosa y profundamente temida.
Su presencia se extiende por toda la galaxia humana a través de los llamados Santuarios Genéticos, fortalezas de curación, investigación y custodia desde las cuales no solo atienden las necesidades biológicas del Imperio, sino que tejen una red de información, observación y espionaje tan eficaz como discreta. No existe sistema estelar, enclave humano o nación dependiente del Neoimperio que no albergue al menos un Santuario Genético. Cualquier agresión contra uno de ellos se considera, de forma automática, una agresión directa contra el Neoimperio y contra el Hegemón.
Las Hermanas están sujetas, al igual que los Inquisidores, a un juramento absoluto de celibato ritual. Sin embargo, su doctrina no prohíbe el uso consciente del cuerpo como herramienta. Educadas en artes de manipulación emocional, psicológica y sexual, muchas de ellas no dudan en emplear su belleza —frecuentemente extraordinaria, resultado tanto de selección genética como de disciplina corporal— para seducir, doblegar voluntades o extraer información vital para su orden. En este aspecto, su moral es estrictamente instrumental: el deseo es un medio, nunca un fin.
Cada Santuario Genético está regido por una Suma Sacerdotisa, autoridad absoluta dentro de su dominio. Todas ellas responden ante la Archisacerdotisa Genética, líder suprema de la orden, cuya autoridad dentro de la jerarquía de la Iglesia de Nimrod es equivalente a la del Inquisidor Supremo. Ambas figuras se equilibran mutuamente: una custodia la pureza del cuerpo y del linaje; el otro, la pureza del dogma y del espíritu.
Públicamente, las Hermanas del Camino comparten su mundo capitular, Hermón Secundus, con la Cofradía de Inquisidores. Allí se alza su templo central, conocido como el Primer Santuario, corazón doctrinal y genético de la orden. Desde ese lugar árido, hostil y sagrado, las Hermanas velan por el futuro biológico del Neoimperio, convencidas de que la guerra eterna no se ganará solo con espadas, flotas o fe, sino con la correcta manipulación del cuerpo, la sangre y la herencia.
Para el ciudadano común, las Hermanas del Camino son sanadoras y consejeras.
Para los poderosos, son oráculos peligrosos.
Para el Hegemón, son imprescindibles.
Tras la derrota de Baalfegor en la era pre Conjunción, las antiguas huestes Igigi conocidas como las Hermanas Oscuras no fueron completamente aniquiladas. Disminuidas en número y poder, pero no extinguidas, lograron sobrevivir a la Conjunción Infernal y vagaron durante siglos por el joven Eternum como depredadoras errantes, sin liderazgo unificado ni propósito claro, guiadas únicamente por el instinto, la necesidad y el hambre.
Su errancia concluyó cuando alcanzaron un sector desolado de sistemas rocosos en las estribaciones occidentales de Envar-Dagán. Allí encontraron colonias mineras humanas aisladas, de las que se adueñaron progresivamente, estableciendo un dominio silencioso y calculado. Durante milenios prosperaron en la sombra, realizando incursiones esporádicas y medidas, evitando atraer la atención de grandes potencias o estructuras imperiales emergentes.
Con el paso del tiempo, a sus filas comenzaron a incorporarse versiones desviadas y corrompidas de las Hermanas del Camino. Estas nuevas adeptas fueron transformadas mediante procesos genéticos y rituales oscuros, dando origen a las primeras Kurgán femeninas. A semejanza de los Neffut-Kurgán, esta nueva línea genética resultó dominante: guerreras de fuerza excepcional, velocidad antinatural y una belleza inquietante, ajena a los cánones humanos. Con ellas, la estirpe de las Hermanas Oscuras se consolidó hasta prevalecer casi en exclusividad.
Este crecimiento silencioso terminó cuando sus dominios colisionaron con la expansión de las primeras legiones de Nimrod, el Emperador-Profeta. Lejos de ordenar su exterminio inmediato, Nimrod observó en ellas un producto inesperado del Khaos equilibrado: una anomalía útil, peligrosa y funcional. Les fue ofrecida una elección inequívoca y final: integrarse al servicio del Neoimperio o ser declaradas heréticas y sometidas al Exterminio Imperial.
Las Hermanas Oscuras eligieron sobrevivir.
Desde entonces, este cuerpo militar Kurgán exclusivamente femenino sirve al Hegemón con una devoción fanática hacia la casta genética de los Nimrod. Se organizan y combaten de forma análoga a las Diez Mil Legiones, aunque no forman parte de ellas. Su número es fijo y reducido: treinta y tres legiones, cada una comandada por una Suma Sacerdotisa en lugar de un Vhaxar. Aunque conservan su denominación, tradiciones internas y una identidad diferenciada, se integran plenamente en la estructura militar y doctrinal del Neoimperio.
Para el exterior, las Hermanas Oscuras son una herramienta más del poder imperial.
Para quienes las conocen, son una advertencia viviente de que incluso el Khaos, cuando es contenido y dirigido, puede convertirse en arma de rectitud.
Estructura doctrinal, eclesial y represiva integrada en el Hegemón, encargada de custodiar la ortodoxia imperial, interpretar la voluntad del Demiurgo y vigilar la pureza ideológica, genética y espiritual del Neoimperio.
No adora al Emperador-Profeta como a un dios. Lo reconoce, según su dogma, como lo que es: el instrumento más cercano a la intención del Hacedor que la humanidad puede soportar sin quebrarse, una manifestación imperfecta pero necesaria de la voluntad primigenia en un cosmos corrompido.
La Iglesia articula su poder a través de una jerarquía estricta. Cada una de las Diez Mil Legiones cuenta con capellanes propios, responsables de mantener la fe, la disciplina ritual y la obediencia doctrinal entre las tropas. Estos capellanes rinden cuentas a obispos de campaña y a prelados de cuaderna, así como al Maestre de la Ciudadela de Nod, quien a su vez reporta directamente al Consejo de los Doce, bajo la autoridad última del Emperador-Profeta.
Entre sus múltiples brazos se encuentra la Cofradía de Inquisidores, heredera directa de órdenes preimperiales anteriores incluso a la Conjunción Infernal. Esta cofradía actúa como órgano de depuración, investigación y castigo, encargada de erradicar herejías, desviaciones doctrinales, contaminaciones del Khabal y disidencias internas, tanto civiles como militares, así como de hacer cumplir el dogma de La Pureza, heredero directo del antiguo dogma de los Aspectos del Khaos, del cual deriva la doctrina de Nimrod.
Su existencia no se anuncia: se manifiesta cuando el juicio ya ha sido dictado.
Para la Iglesia de Nimrod, la fe no es consuelo, sino herramienta de control, cohesión y supervivencia. En un universo condenado a la guerra eterna, la duda es una enfermedad, y la ortodoxia, la última muralla frente al caos.
Maestre Imperial, cronista y escriba del Neoimperio, investido con rango pleno dentro de la Orden de Escribas y Cronistas. Rescatado de una barcaza colonial milenaria procedente de una línea espacio-temporal anterior a la Conjunción Infernal, su origen ajeno al Eternum lo convierte en un testigo singular, no contaminado por tradiciones locales, sectarias o interpretaciones interesadas del poder.Por designio directo de Nimrod 84, Jared es nombrado autoridad canónica para fijar, compilar y ordenar la historia oficial de la Guerra de los Mil Tronos, así como para depurar relatos, mitos y crónicas contradictorias surgidas a lo largo de siglos de conflicto. Su labor no es la de un mero registrador de hechos, sino la de un arquitecto de memoria imperial: aquel que decide qué se recuerda, qué se olvida y de qué forma será comprendido el pasado por las generaciones futuras del Neoimperio.
KhabalEntidad —o conglomerado de fuerzas conscientes— surgida de la escisión primigenia ocurrida en el origen del cosmos, cuando la realidad se fracturó en principios antagónicos. Representa la negación activa del Exo y de toda forma de orden trascendente. No crea: corrompe. No unifica: disgrega.
El Khabal opera a través de la entropía, el deseo desatado, el dolor y la degradación de la materia y del espíritu. Su influencia se manifiesta mediante cultos heréticos, linajes degenerados, entidades arcónticas, Portales de Vacío y procesos de corrupción progresiva que atan el alma a la carne y condenan la conciencia a ciclos interminables de sufrimiento.A diferencia de una divinidad clásica, el Khabal no ofrece redención ni propósito último. Su objetivo es perpetuar la prisión cósmica del Eternum, intensificando el caos y la disolución para impedir cualquier forma de trascendencia. Allí donde su sombra se extiende, la realidad se vuelve inestable, la voluntad se quiebra y la guerra se convierte en un fin en sí misma.
KishReferencia al idioma antiguo, la lengua común o vernácula.El Kish tiene su origen en el imperio del mismo nombre, anterior a la Conjunción Infernal, en la línea espacio-temporal de La Pureza y Khaos y Oscuridad, de la que provenían las Casas Nobles, antepasadas del Señor de Orión, en una de las múltiples versiones conocidas de la antigua Vía Láctea.
KurgánCasta guerrera humana evolucionada, cuyo origen es la misma línea espacio-temporal del Kish.
Altos, de musculatura poderosa y longevidad extendida. Su piel es acartonada y gris, sus ojos completamente negros, sin esclerótica, no tienen vello corporal y sus orejas son puntiagudas.
Los Kurgán suelen ser mucho más altos y musculosos que un humano promedio. Aunque biológicamente son parcialmente humanos.
En su versión del Eternum, son portadores del gen Exo, por la manipulación genética del primer Nimrod y, por tanto, con una curiosa reacción de fulgor blanco pálido en contacto con el metal Exo.
Kheb y Estirpe en el Neoimperio
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Variantes supervivientes de las antiguas sectas Kheb y Estirpe de la línea espacio-temporal del Exodus lograron perdurar tras la Conjunción Infernal. Los primeros establecieron su mundo capitular en Dakara Secundus; los segundos, en Neocorran. No obstante, los templos, feudos y enclaves de ambos linajes se hallan hoy diseminados por todo el territorio del Neoimperio.
Son linajes poderosos, antiguos y profundamente enfrentados entre sí. Su enemistad, sin embargo, ya no se manifiesta de forma abierta. La guerra que libran en la actualidad es una guerra fría, soterrada, librada en las sombras y en los márgenes del poder. Ambos saben que cualquier alteración pública de la Pax neoimperial los colocaría en la categoría de enemigos del Hegemón, lo que conllevaría, sin excepción, una sentencia de exterminio. Y aunque su poder es considerable, ninguno de los dos linajes es rival para la Cofradía de Inquisidores.
Los Kheb visten armaduras Exo de color blanco. No suelen portar yelmo, y cubren sus cuerpos con capas de capucha en tonos tierra, sobrios y austeros, y recogen sus cabellos en una o dos trenzas.
Los Estirpe, por el contrario, ocultan siempre el rostro tras yelmos de tonalidad roja apagada, a juego con sus capas y capuchas del mismo color. Ambos grupos portan habitualmente exobastones, armas y símbolos de autoridad con los que se enfrentan en conflictos encubiertos, disputándose en secreto la influencia espiritual y el alma del pueblo humano.
De cara al exterior, tanto Kheb como Estirpe aceptan formalmente la doctrina de la Iglesia de Nimrod y se someten, al menos en apariencia, a la autoridad del Hegemón. Sin embargo, en sus estancias privadas y heréticas continúan rindiendo culto a los Aspectos del Khaos, aunque de forma desequilibrada: los Kheb veneran exclusivamente a los Aspectos positivos, mientras que los Estirpe lo hacen a los negativos. Ninguno de los dos reconoce ni honra a los Aspectos neutrales.
Ambos linajes son, en esencia, exomantes. Solo reclutan y se nutren de individuos que manifiestan esta condición. Por ello, no es infrecuente que miembros de estas castas humanas sean preferidos, y por tanto y en secreto, sean capturados y destinados a servir como Navegantes en las astronaves de los Vhaxar. Estos exomantes son sellados para siempre en sarcófagos de comunión, condenados a una existencia perpetua de simbiosis con la nave que gobiernan.
Los Vhaxar muestran una clara preferencia por Navegantes Kheb, cuyo contacto con el metal Exo genera fulgor azulado, o por Estirpe, de fulgor rojizo, frente a exomantes no iniciados o entrenados procedentes de colonias humanas comunes. El poder de aquellos, así como su capacidad de comunión con la tecnología Exo, es muy superior, lo que los convierte en instrumentos estratégicos de primer orden dentro de la maquinaria bélica del Neoimperio.
Cazador de demonios de origen Kurgán, perteneciente a una secta anteriores a la aniquilación de los Cazadores de Demonios. Expulsado de su clan —o superviviente de su destrucción—, Kynes vaga como Rōnin, sin amo ni santuario, atado a un juramento que no puede romper ni consumar.
Escolta de Esquilo en los hechos previos a la triple unión, es portador de Abaddón, espada demonio exo maldita, reliquia viva de su orden y testimonio de la ciencia sacrificial pre-Conjunción. En Kynes, la pureza se ha convertido en condena: combate al Khabal fuera de toda autoridad humana o imperial, no por redención, sino para preservar la última chispa de cordura en un universo que ha olvidado la luz.Su figura encarna el arquetipo del Rōnin: el penitente errante cuya longevidad antinatural es a la vez don y castigo, y cuya existencia es una guerra perpetua contra los demonios del Khabal… y contra los que lleva dentro.
Orden suprema de custodia del Emperador-Profeta del Neoimperio. Su función es absoluta y exclusiva: proteger la integridad física, genética y ontológica del Hegemón, tanto en el Palacio Imperial de Nod como durante cualquiera de sus desplazamientos. No responden a la Iglesia, ni al Consejo de los Doce, ni siquiera a las Diez Mil Legiones. Su lealtad es directa y personal al linaje Nimrod y, por extensión, a los Exo que lo sancionaron.
La Guardia Negra está compuesta por treinta y tres Exoditas inmortales, enviados por los pueblos Exoditas mediante intercesión directa de los Exo, como parte de un pacto primigenio sellado por el propio Primer Nimrod. Dicho pacto consagró el derecho —y la carga— de la estirpe Nimrod a gobernar a la humanidad mediante la genética, la fe y la guerra, a cambio de someter su continuidad a la supervisión última de los Exo.
Los miembros de la Guardia Negra no son humanos, ni Kurgán, ni Neffut-Kurgán. Son entidades exoditas plenamente trascendidas, encarnadas en cuerpos metálicos de naturaleza Exo: superficies negras como la obsidiana, pulidas y brillantes, de morfología humanoide perfecta. Sus rostros están ocultos tras cabezas selladas, semejantes a escafandras oscuras e impenetrables, sin rasgos visibles, sin expresión y sin fisuras. No envejecen, no enferman y no conocen el desgaste del tiempo.
A pesar de su estatura equivalente a la de un humano promedio, cada Guardián Negro supera ampliamente en fuerza, velocidad, resistencia y capacidad de aniquilación a un Neffut-Kurgán, a un Inquisidor o incluso a un Maestro Inquisidor. Su poder no es ostentoso, sino contenido, preciso y definitivo. Son armas conscientes al servicio de una sola voluntad.
Portan Exoportales personales, artefactos de desplazamiento instantáneo cuya tecnología permanece vedada incluso para la Iglesia de Nimrod y las Hermanas del Camino. Donde se encuentra el Emperador-Profeta, allí están ellos, aunque nadie los haya visto llegar.
Convergencia genética de:
Legiones del Neoimperio
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Fuerzas militares colosales del Neoimperio, diez mil en total, organizadas como instrumentos absolutos de conquista, castigo y control territorial bajo el mando directo de los Vhaxar. Cada legión constituye una entidad bélica autosuficiente, concebida para operar de forma prolongada en campañas de aniquilación, ocupación o purga doctrinal a escala estelar.
Están integradas principalmente por Kurgán y Neffut-Kurgán, apoyados por vastas flotas estelares, dragones de batalla, enjambres de drones de combate y formaciones de infantería mecanizada pesada. Su estructura combina guerra orbital, desembarco masivo y combate terrestre prolongado, reflejando la doctrina imperial de supremacía total.
Cada legión está dirigida por un único Vhaxar, del que emanan autoridad militar, genética y ritual. Posee emblemas, estandartes, tradiciones de combate y liturgias propias, así como un mundo o bastión capitular de referencia, desde el cual se recluta, adiestra y perpetúa su identidad. Aunque todas responden al Hegemón y a la doctrina de Nimrod, ninguna legión es idéntica a otra: cada una encarna una forma distinta de la guerra imperial.
Antiguo linaje Exo originado en la era del Exodus, previo a la Conjunción Infernal, y reconocido por una característica inequívoca: el fulgor verdoso que el metal Exo manifiesta al entrar en contacto con su genética. Este rasgo no es meramente visual, sino la expresión externa de una afinidad profunda y estable con el principio Exo, distinta de otros linajes conocidos.
En el Eternum, el linaje de Sael queda vinculado de manera directa a la línea genética de Tales y de su hijo Esquilo, convirtiéndose en una de las hebras fundamentales que desembocan, de forma indirecta, en los acontecimientos que darán origen a la Guerra de los Mil Tronos. La herencia de Sael se caracteriza por una relación funcional con la navegación exo, la percepción de anomalías y la activación consciente de tecnologías arcaicas que otras castas solo pueden emplear de forma limitada o asistida.
Las crónicas más antiguas, recogidas y fragmentadas en Leyendas del Sol Negro, sitúan al linaje de Sael en episodios vinculados al Salto Cuántico primigenio, una tecnología prohibida y apenas comprendida incluso por los estándares del Neoimperio, capaz de fracturar trayectorias espacio-temporales sin recurrir a la red de anomalías. Este conocimiento, incompleto y peligroso, es una de las razones por las que el linaje fue progresivamente vigilado, dispersado o absorbido tras la Conjunción.
En la época de La Pureza, referencias veladas apuntan a contactos indirectos entre descendientes de Sael y otros linajes Exo, incluidos los Kheb, aunque siempre desde una posición liminal, ajena tanto a la ortodoxia imperial posterior como a las derivas heréticas. Figuras como Isabella Kheb aparecen en las tradiciones cruzadas como testigos —no herederos— de ese conocimiento perdido, lo que refuerza la idea de que Sael nunca fue un linaje dominante, sino un vector de tránsito, custodia y sacrificio.
Para la doctrina de Nimrod, el linaje de Sael no es impuro ni herético, pero sí peligroso por su cercanía a estados de conocimiento anteriores al orden imperial. Representa una senda antigua, interrumpida, que pudo haber conducido a una forma distinta de trascendencia. Por ello, su legado es tolerado en la historia, pero cuidadosamente encapsulado en el canon, como advertencia de que no toda afinidad con el Exo conduce al mismo destino.
Maestro y formador de Esquilo de Nod. Antiguo amigo de Tales y uno de los científicos principales de la Ciudadela de Nod, antes de sumarse a la expedición del Explorador Oscuro.
Mayra, la Primera Madre,
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Figura fundacional del canon neoimperial y eje oculto de la genealogía que dará origen a la estirpe de Nimrod. En su origen, Mayra fue una exomante primigenia, perteneciente a una humanidad anterior a la configuración estable del Eternum, rescatada en estado de éxtasis de las profundidades insondables del espacio, suspendida fuera del tiempo y de la historia.
Portadora de una herencia imposible de repetir, Mayra se convirtió en el receptáculo de la Convergencia de las Tres Semillas: la Semilla Santa de Dave de Orión, la simiente del linaje de Sael a través de Esquilo, y su propia esencia primigenia ligada al Exo. Esta triple unión, única e irrepetible, la situó más allá de cualquier arquetipo humano conocido, transformándola en matriz viva de un destino que trascendía su propia existencia.
De su vientre nació el Primer Nimrod, origen de la estirpe genética imperial y raíz directa del conflicto conocido como La Guerra de los Mil Tronos. Mayra no sobrevivió al parto, consumida por el precio biológico y espiritual de la convergencia, pero su muerte selló el inicio de una nueva era para la humanidad del Eternum.
En la doctrina del Neoimperio, Mayra no es venerada como deidad, pero sí reconocida como la Primera Madre: la mujer que, sin comprender plenamente el alcance de su destino, dio a luz al linaje destinado a imponer orden, sacrificio y unidad en un cosmos condenado a la guerra eterna.
Entidad arcóntica vinculada al Khabal, de naturaleza preimperial y origen anterior a la Conjunción Infernal. Mefisto no es un dios ni un demonio en sentido estricto, sino un arconte: una conciencia autónoma de gran poder, surgida de las primeras escisiones del caos primordial, dotada de voluntad propia pero subordinada, en última instancia, a los designios del Khabal.
Su influencia se manifiesta de forma especialmente intensa en el Mundo Ceniza, donde actúa como presencia velada, guía oscura y contrapunto constante a las fuerzas Exo que allí confluyen. A través de pactos antiguos y mediaciones rituales, Mefisto se halla estrechamente asociado a Clea, de quien es susurrante y confesora, estableciendo una relación ambigua que oscila entre la tutela, la manipulación y la dependencia mutua.
Mefisto desempeña un papel clave en la navegación por la Red de Anomalías, no como artífice de la misma —atribución que no le corresponde—, sino como entidad capaz de percibir, interpretar y corromper sus flujos. Allí donde las anomalías se retuercen, se vuelven inestables o exigen un precio oculto, la huella de Mefisto suele estar presente. Su conocimiento de estos corredores deformados le permite influir en rutas, extravíos y destinos, convirtiendo el tránsito estelar en un acto cargado de riesgo espiritual además de físico.
Para la doctrina de la Iglesia de Nimrod, Mefisto representa una amenaza conceptual más que militar: la personificación de la tentación del atajo, del poder obtenido sin orden ni sacrificio legítimo. No promete salvación ni trascendencia, sino supervivencia mediante la astucia, el engaño y la aceptación del dolor como moneda de cambio.
En el equilibrio inestable del Eternum, Mefisto encarna la voz del Khabal que no ruge, sino que susurra; no destruye de inmediato, sino que guía lentamente hacia la corrupción. Su presencia recuerda que no todo enemigo del Neoimperio empuña armas: algunos se limitan a señalar caminos que nunca debieron ser recorridos.
Su contraparte es Temis.
Material oscuro y aristado vinculado a la genética Exo. Reacciona con distintos fulgores según el linaje:
Conocida también como El Mordus. Es una secta superviviente de la galaxia Exodus en una de sus múltiples versiones y líneas espacio-temporales previas al Eternum.
Orden monástica clónica dependiente de la Iglesia de Nimrod, sometida jerárquicamente al Maestre de la Ciudadela de Nod y, en última instancia, al Hegemón. Su existencia es tolerada, vigilada y temida a partes iguales dentro del Neoimperio, pues encarna una contradicción viva entre la necesidad y la herejía latente.
El símbolo del Mordus es el Árbol de la Vida, representación ambigua de regeneración, continuidad y pecado biológico. Para sus detractores, no es más que una burla blasfema al dogma de La Pureza; para sus defensores, un recordatorio de que incluso en un universo condenado, la vida puede ser cultivada, manipulada y explotada.
Los Mordus están compuestos exclusivamente por monjes clonados, linajes replicados una y otra vez a partir de matrices genéticas cerradas, cuidadosamente custodiadas. No nacen: son creados. No heredan: se repiten. Cada uno de ellos es, al mismo tiempo, individuo funcional y eslabón prescindible de una cadena infinita. Esta condición los sitúa permanentemente al filo de La Pureza, y ha sido motivo de innumerables procesos inquisitoriales que, hasta la fecha, nunca han culminado en exterminio abierto.
La razón de su supervivencia es clara y peligrosa:
El Mordus es el custodio exclusivo del Elixir de los Inquisidores.
Este elixir secreto, indispensable para la existencia misma de la Cofradía de Inquisidores y para la elevación final de sus miembros por encima incluso de los Neffut-Kurgán, solo puede ser cultivado y refinado en su mundo natal, Nuevo Kalaran. Su fórmula, procesos y matrices vivas están selladas por juramentos antiguos y mecanismos de autodestrucción genética que harían imposible su reproducción fuera del control del Mordus.
Nuevo Kalaran es un mundo selvático, húmedo y opresivo, cubierto por una biosfera exuberante y hostil. En todo el planeta existe una sola construcción:la Ciudadela de Nuevo Kalaran, una fortaleza de muros y torres blancas, altísimas, casi antinaturales, visible desde órbita como una cicatriz luminosa sobre el verde infinito. Desde allí gobierna la orden su soberana absoluta:
Mundo volcánico cubierto por una espesa niebla de ceniza. Único lugar de cría y reproducción de los dragones de batalla del Neoimperio. Lo que lo convierte en un Bastión sagrado.
Antaño fue colonizado por una secta Neomenoch, desarrollando durante seis mil años una cultura involucionada propia, de tintes aislacionistas (ciudades-escudo) y estilo medieval, hasta la llegada de Nimrod.
Neffut-KurgánCasta superior derivada de los Kurgán. Han trascendido parcialmente su humanidad mediante el rito del Urushdaur. Poseen capacidades Igigi, siendo espiritual y físicamente superiores y de regeneración avanzada. Se alimentan exclusivamente de sangre humana ofrecida como tributo sagrado. Por tanto, su genética es tanto Igigi, como Kurgán.
Solo un Neffut-Kurgán puede ser investido como Vhaxar.
Nimrod (primer Profeta-Emperador y estirpe genética)
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Linaje genético imperial que sustenta, legitima y encarna el poder del Neoimperio. Nimrod no es un nombre personal, sino una estirpe diseñada para gobernar, concebida como instrumento histórico, biológico y doctrinal del Hegemón. Cada Emperador-Profeta pertenece a esta línea, desde el primero de ellos: el hijo nacido de la unión de las Tres Semillas, origen y núcleo de toda la genealogía imperial.
Del Primer Nimrod no existe una biografía pública ni un relato completo. Su historia está fragmentada, velada y deliberadamente incompleta. Solo pervive en forma de un evangelio gnóstico oscuro, transmitido en susurros dentro de las Cámaras de Reflexión y reservado únicamente a los iniciados más altos del linaje y de la Iglesia de Nimrod. Lo que se conoce procede de fragmentos, contradicciones y silencios rituales.
Tras la muerte de la Primera Madre, el niño fue adoptado por Clea, Sacerdotisa de Temis, convirtiéndose en la llamada Segunda Madre. Creció en el Mundo Ceniza, en la Primera Ciudad, que no era una ciudad en sentido estricto, sino una antigua astronave Neomenoch apagada, sepultada bajo toneladas de roca para ocultarla del cosmos. Allí, en un entorno de ceniza, dragones y superstición, se formó lejos de cualquier centro de poder.
Sin embargo, el poder latente del niño y la curiosidad del Maestre Bardo provocaron lo inevitable. Los sistemas dormidos de la astronave fueron reactivados. Aquella señal, débil pero inequívoca, resonó como un grito en el Bosque Oscuro del Eternum. Una horda Crepuscular cercana respondió con rapidez.
La invasión fue total. Brutal. Metódica.
La población fue exterminada casi por completo. Clea murió, y con su muerte se produjo un acontecimiento que alteró para siempre el equilibrio del Eternum: una explosión mística de energía exotérica liberó las conciencias de Temis y Mefisto, que trascendieron el Mundo Ceniza y ascendieron hacia la Red de Anomalías, la cual, a partir de ese instante, adquirió conciencia propia. Desde entonces, la navegación a través de la Red de Anomalías, jamás volvió a ser la misma.
Nimrod sobrevivió.
No como príncipe ni como elegido, sino como esclavo.
Fue conducido a un mundo Crepuscular, donde vivió encadenado, humillado y roto. Allí, al manifestarse su fuerza, velocidad y resistencia anómalas, fue destinado a los combates gladiatorios, luchando ante multitudes sedientas de sangre contra otros esclavos Kurgán, muchos de ellos antiguos Cazadores de Demonios capturados. En ese infierno ritual, Nimrod no solo sobrevivió: adoctrinó, unificó y transformó a los suyos. Se convirtió, sin proclamarse, en su guía espiritual.
La revuelta fue inevitable.
Y cuando estalló, fue absoluta.
Nimrod lideró la insurrección y aniquiló a sus captores a golpe de daga, sin concesión, sin piedad y sin redención. No quedó poder Crepuscular en aquel mundo que no fuese reducido a cenizas.
Tiempo después, una astronave del tipo Explorador Oscuro, tripulada por treinta y tres exomantes y comandada por Wotan Daneron, localizó a Nimrod y a los suyos. Fueron conducidos a Nod, mundo ancestral, desde donde comenzó la lenta, inexorable y sangrienta construcción del Neoimperio. Con la ayuda de los Exoditas, Nod fue elevado a capital imperial y centro del nuevo orden humano.
Para evitar la fragmentación de la humanidad y el surgimiento de linajes rivales, Nimrod realizó un juramento absoluto de celibato. No tendría descendencia natural. Con la intervención de las Hermanas del Camino y los Exoditas, se estableció la casta genética Nimrod: un ciclo de gobierno y sacrificio. Cada Emperador vive ciento veinte años estándar. Cumplido ese tiempo, abandona su cuerpo, transfiere su memoria y experiencia a una Matriz Exo en órbita de Nod y renace en un nuevo clon, tras una eutanasia ritual.
El custodio, ejecutor y garante de ese tránsito es Wotan Daneron, Exodita inmortal, líder del Consejo de los Doce y Mano última del Imperio cuando el Emperador calla.
Así, Nimrod no muere.
Se continúa.
Para el ciudadano común, Nimrod es el Emperador.
Para la Iglesia, es el instrumento más perfecto del Hacedor.
Para los iniciados, es algo más inquietante:
un sacrificio perpetuo, encadenado al trono, destinado a gobernar para que la humanidad no se desgarre… aunque deba sangrar para ello.
Y todo lo demás —la verdad completa— permanece oculto, esperando, en las sombras de la Senda de las Estrellas.
Emperador-Profeta reinante del Neoimperio en la época de Jared, el crosariano y uno más, durante el largo periodo conocido como La Guerra de los Mil Tronos. Miembro número 84 de la estirpe genética Nimrod. Hegemón, Emperador-Profeta y figura central del conflicto en su periodo.
Nota canónica importante
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Las Cuadernas Estelares no son imperios, sino divisiones cartográficas de lo inconmensurable, utilizadas por el Neoimperio para comprender, reclamar y ordenar el Eternum.
Muchas de ellas contienen múltiples imperios, dominios, zonas heréticas o regiones inexploradas.
Ekron-Dagan y Envar-Dagan, ya mencionadas en la obra, se sitúan en la frontera activa del poder humano, no en el corazón absoluto del Eternum.
El Ojo del Khaos no pertenece a ninguna cuaderna: las cuadernas orbitan conceptual y físicamente en torno a él.
Orden de Escribas y Cronistas
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La Orden de Escribas y Cronistas constituye el cuerpo encargado de preservar, fijar y transmitir la memoria histórica del Neoimperio. No es una orden militar ni una rama eclesial en sentido estricto, pero su autoridad emana directamente del Hegemón y de la Iglesia de Nimrod, pues en un imperio sostenido por la fe, el linaje y la guerra, controlar el relato equivale a controlar la realidad.
Sus miembros no escriben para glorificar ni para consolar, sino para establecer un canon inmutable. Son depositarios de crónicas, genealogías, campañas, dogmas, herejías erradicadas y verdades veladas. Su labor no consiste en interpretar los hechos, sino en fijarlos de manera que puedan ser soportados por la estructura del Imperio sin provocar fractura doctrinal ni colapso ideológico. En este sentido, la Orden no busca la verdad absoluta, sino la verdad que el Neoimperio puede permitirse conocer.
La palabra de un cronista imperial, una vez sellada y validada, adquiere carácter casi sagrado. Aquello que no es registrado por la Orden se considera inexistente, y aquello que es corregido o eliminado de sus archivos se pierde para siempre, incluso para los altos estamentos. De este modo, la Orden actúa como guardiana de la memoria… y como su verdugo silencioso.
Jared, el crosariano, Maestre Imperial, rescatado de una barcaza colonial anterior a la Conjunción Infernal, llegó a convertirse durante el reinado de Nimrod 84 en la mayor autoridad viva de la Orden, llegando a los cargos de Maestre Imperial, Primer Cronista y Escriba del Neoimperio y siendo considerado, un gran erudito creador de su propia escuela de pensamiento y, por tanto, un referente filosófico, moral e histórico en la larga historia del Neoimperio.
Su origen ajeno a las luchas internas del Eternum, su formación previa y su condición de testigo desanclado del tiempo lo hicieron idóneo para asumir la tarea que ningún otro podía desempeñar: unificar relatos fragmentados, depurar mitos contradictorios y fijar el canon definitivo de la Guerra de los Mil Tronos.
Ayudado por sus discípulos y desde su pluma se estableció la versión oficial de los acontecimientos que sacudieron al Neoimperio durante siglos. No como propaganda, sino como crónica irrevocable. Jared no fue un juez ni un sacerdote, pero su escritura decidió qué nombres serían recordados y cuáles caerían en el olvido. En un Imperio donde la memoria es poder, su autoridad fue absoluta.
Para el ciudadano común, los Escribas son archivistas distantes.
Para los poderosos, son una amenaza silenciosa.
Para el Hegemón, son necesarios.
Peste Oscura / Sangre negra
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Amenaza latente del Mundo Ceniza. Entidades que no mueren y ansían carne y sangre humana.
Brecha dimensional y puente instantáneo, utilizada por el Khabal para irrumpir en la realidad. Instrumento de invasión y corrupción para transportar sus hordas infernales.
Primer asentamiento humano Neomenoch en el Mundo Ceniza.
En realidad, se trataba de una astronave estrellada y posteriormente recubierta de piedra, que se convirtió en la primera Ciudad-Escudo.
PrimigeniosLinaje Exo ancestral al que pertenece Mayra. De ellos surgiría el primer pueblo exodita del Eternum.
Pérgamo (Mundo y estación orbital)
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Mundo donde se conservaba una de las múltiples Semillas Genéticas Santas de Dave de Orión y donde tuvo lugar la unión de las Tres Semillas.
Devastado por el Khabal y sus hordas demoniacas, tras la apertura de un Portal de Vacío.
Red de anomalías estelares en el Eternum
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Agujeros de gusanos estables y conscientes, dependientes del Ojo del Khaos y en equilibrio con el Khabal y los Exo.
Estos túneles espacio-temporales estables de energía arcana tienen conciencia propia y se navegan en comunión con Temis y Mefisto, tras la concepción del primer Nimrod. Navegarlos sin tecnología exodita o sin un Navegante exomante en comunión con el Ojo del Khaos, puede implicar perderse en sus inmensidades, caer en la locura o ser destruidos.
Son la única forma en la que una astronave, o una flota entera, puede cruzar las inmensidades del Eternum fuera y dentro de sus Cuadernas Estelares.
No confundir con la Red de Anomalías de la antigua galaxia Exodus, cuya ingeniería era única de los Exo.
reina de Nuevo Kalaran,
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Igigi hermosa, enigmática e inmortal.
Ellaria no es solo una figura política o ceremonial. Es el eje genético, simbólico y doctrinal del Mordus. Su longevidad imposible, su belleza intacta y su autoridad incuestionable alimentan rumores constantes de pactos antiguos, concesiones del primer Nimrod y secretos que ni siquiera la Iglesia osa formular en voz alta. Bajo su mando, el Mordus ha prosperado hasta convertirse en una de las órdenes más ricas del Neoimperio.
Oficialmente, los Mordus son médicos supremos, especialistas en bioquímica, regeneración tisular, estabilización genética y tratamientos extremos que a veces rondan la necromancia. Extraoficialmente —aunque con licencias neoimperiales selladas— son también comerciantes de sustancias químicas y drogas de todo tipo, desde compuestos recreativos de frontera hasta preparados casi ilegales que circulan entre nobles, mercaderes, oficiales y mundos enteros dependientes de su suministro.
Su riqueza es colosal.
Su flota privada, legalmente registrada como mercante-sanitaria, posee un tamaño y potencia casi equiparables a los de una legión del Neoimperio. Este hecho, por sí solo, sería motivo suficiente para su aniquilación… si no fuera porque sin el Mordus, la Cofradía de Inquisidores colapsaría en pocas generaciones.
La relación entre ambas órdenes es de odio absoluto y dependencia mutua.Los Inquisidores los desprecian como aberraciones biológicas y mercaderes del vicio.
Los Mordus consideran a los Inquisidores fanáticos útiles, pero intelectualmente estériles.
Solo la mediación constante de la Iglesia de Nimrod ha evitado hasta ahora que se declare una Guerra Santa de exterminio contra ellos.
Así, el Mordus sobrevive en una tensión perpetua:
Revar, el Rey Brujo / Príncipe Demonio
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Revar, conocido en las crónicas prohibidas como el Rey Brujo o el Príncipe Demonio, fue en tiempos inmemoriales —anteriores incluso a la Conjunción Infernal— el último superviviente del linaje Estirpe. Su origen se remonta a una era de guerras arcaicas, cuando las castas exománticas aún combatían abiertamente por el dominio espiritual y material de la realidad.
En la batalla de Utapain, su casta Estirpe fue exterminada por los Kheb. Revar sobrevivió allí donde todos los suyos perecieron, y esa supervivencia no fue una bendición, sino el germen de un odio absoluto. Aquel día juró venganza, no solo contra los Kheb, sino contra toda forma de orden que hubiera permitido su derrota. Desde entonces, su existencia quedó definida por el rencor, la obsesión y la acumulación paciente de poder.
Su conversión definitiva ocurrió en el mundo de Geringer. Allí, Revar abrazó la corrupción absoluta y selló su pacto con las fuerzas oscuras. Su espíritu fue arrancado de su línea espacio-temporal de origen y arrastrado a una galaxia primordial Eternum, en una época anterior a la propia Conjunción Infernal. En aquel escenario primigenio, combatió durante miles de años al servicio del Khabal, enfrentándose a un imperio humano dominante de esa realidad alternativa, mientras se gestaban en las sombras los cimientos de la futura Conjunción.
Durante ese largo periodo, Revar lideró hordas demoníacas, arrasando mundos enteros, quebrando civilizaciones y dejando tras de sí sistemas reducidos a cenizas. No fue un mero ejecutor, sino un estratega del horror, un arquitecto de la devastación cuya voluntad se alineó de forma perfecta con los designios del Khabal, aun cuando estos jamás fueron plenamente revelados.
Tras la Conjunción Infernal, su forma material sufrió una transformación definitiva. Su armadura ígnea fue consumida por el colapso de realidades, pero su espíritu sobrevivió al tránsito hacia la nueva configuración del Eternum. En ese proceso, Revar arrastró consigo a otras entidades arcónticas sometidas, entre ellas Abaddón, condenándolas a un destino de servidumbre eterna: el encierro de su esencia dentro de armas demonio, espadas vivas destinadas a propagar la guerra y la corrupción.
En la era posterior a la Conjunción, Revar se erigió como el más poderoso de los generales del Khabal. Es él quien ordena, coordina y dirige las incursiones a través de los Portales de Vacío, desplegando las fuerzas demoníacas allí donde la realidad muestra fisuras. Su autoridad sobre los Reyes Dragón del Khabal y otras entidades sometidas es absoluta, no por jerarquía formal, sino por temor, deuda y sometimiento espiritual.
Los verdaderos objetivos de Revar permanecen ocultos. Incluso entre los más altos servidores del Khabal, se ignora si actúa por devoción, por ambición propia o por una venganza tan antigua que ha trascendido toda lógica comprensible. Lo único que las crónicas coinciden en afirmar es esto: allí donde Revar pone su atención, la guerra no es una posibilidad, sino una certeza.
Revisar serie: Crónicas de Aqueron y La Pureza
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NeoimperioEntidad política, militar y doctrinal dominante de la humanidad en el Eternum. El Neoimperio constituye la estructura de poder más vasta y centralizada jamás creada por los humanos en ninguna línea espacio-temporal conocida. Su gobierno es teocrático, expansionista y totalizante, y se sostiene sobre la fe absoluta en el Hacedor, interpretada y canalizada a través de la doctrina revelada por la estirpe de Nimrod, que sustituyó de manera definitiva a la antigua religión de los Aspectos del Khaos.
El Neoimperio no es únicamente una organización política: es un proyecto civilizatorio y genético. Su autoridad se fundamenta en la estirpe imperial derivada de las Tres Semillas, cuyo legado biológico legitima el poder del Emperador-Profeta y del Hegemón. La guerra no es para el Neoimperio una contingencia, sino un estado natural y permanente: un instrumento de orden, purificación y expansión necesario en un cosmos fracturado y hostil.
Su soberanía se reclama sobre todos los enclaves humanos conocidos, sin excepción, con independencia de su origen, cultura o voluntad. Aquellos mundos que niegan el diezmo, la doctrina o la autoridad imperial son considerados territorios en rebeldía, susceptibles de reconquista, sometimiento o erradicación. La paz, cuando existe, es siempre provisional; la guerra, en cambio, es estructural.
Desde la perspectiva doctrinal, el Neoimperio se concibe a sí mismo como el único camino viable para la supervivencia y eventual trascendencia de la humanidad dentro de la prisión cósmica del Eternum. Frente al Khabal —que promueve la entropía, el dolor y la esclavitud espiritual—, el Neoimperio impone orden, sacrificio y obediencia, aun al precio de una violencia extrema. En este marco, no existen inocentes ni redenciones gratuitas: solo grados de utilidad, lealtad y alineación con el plan del Hacedor.
Así, el Neoimperio no promete salvación individual, sino continuidad colectiva. No ofrece consuelo, sino sentido. Y en un universo condenado a la guerra eterna, se erige como la última y más implacable muralla de la humanidad frente al colapso absoluto.
NeomenochSecta (religión antigua presente en varias líneas espacio-temporales con origen en el mítico mundo de Crosaurius y Aqueron) En lo referente a Mundo Ceniza, una de tantas sectas superviviente, compuesta por colonos del cuarto milenio tras la Conjunción Infernal, se asentaron tras huir de los Señores Crepusculares.
Se sabe que, deliberadamente, apagaron su tecnología y se ocultaron en el Mundo Ceniza. Para sus descendientes fueron conocidos como Padres Celestiales.
Sus descendientes fueron los primeros jinetes de dragón.
Revisar serie: Crónicas de Aqueron y Mesías Rojo.
Revisar serie: La Senda de las Estrellas
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EternumPocas veces el universo se ha estremecido como lo hizo cuando nació el Eternum. No fue el resultado de una creación divina ni de un azar cósmico, sino el eco desatado de una transgresión primordial: el estertor de un poder demasiado antiguo, demasiado vasto y demasiado oscuro para ser comprendido por mente alguna, mortal o inmortal.
Cuando la expansión del universo alcanzó tal magnitud que incluso las galaxias más cercanas se desvanecieron del horizonte cósmico, surgió esta monstruosidad final: una macrogalaxia sellada, aislada en un océano de vacío absoluto, separada de cualquier otra estructura estelar conocida. El Eternum alberga novecientos mil trillones de soles, atrapados en una rotación imposible, como una herida cósmica que se niega a cicatrizar. A todos los efectos prácticos, es la única galaxia existente, no por hegemonía, sino por aislamiento terminal.
El Eternum no es una galaxia en sentido clásico. Es un universo cerrado, una prisión estelar donde convergieron y quedaron soldadas realidades incompatibles, líneas espacio-temporales arrancadas de su curso natural y fragmentos de cosmologías que jamás debieron coexistir. Es un cementerio de universos, un osario de historias truncadas, un teatro final donde el telón de la existencia comenzó a desgarrarse.
Hace algo más de once milenios estándar, durante el evento conocido como la Conjunción Infernal, la realidad sufrió una herida irreversible. Miles de sistemas estelares fueron arrancados de sus continuidades originales y arrojados al corazón del Eternum como restos de un naufragio cósmico. Galaxias fragmentadas colisionaron, mundos enteros fueron pulverizados, y las ondas gravitacionales se propagaron como lamentos eternos a través del vacío. Aquellos que no murieron en el impacto, mutaron. Aquellos que no enloquecieron, olvidaron. Aquellos que sobrevivieron, lo hicieron marcados para siempre.
Desde entonces, el Eternum es una amalgama salvaje de destrucción y renacimiento, donde el tiempo no fluye de manera uniforme y la materia obedece leyes deformadas, heredadas de universos muertos. No existe un orden estable, solo la ilusión de control, sostenida por imperios, dogmas y armas colosales.
En el centro de esta vorágine se encuentra el Ojo del Khaos, un agujero negro consciente del tamaño de un cúmulo estelar, núcleo gravitacional y metafísico del Eternum. No es un fenómeno natural, sino una entidad herida, una manifestación física del Hacedor atrapada en la realidad. Toda gira en torno a él. Todo es atraído por su presencia. Y nada escapa ileso a su influencia. En los confines orientales de la macrogalaxia se extiende la Vorágine, región de poder del Khabal, desde donde emanan los susurros más antiguos y corruptores del cosmos.
Los Exo, eternos antagonistas del Khabal, sostienen sus dominios en regiones opuestas, resistiendo su avance. Sin embargo, en el Eternum no existen frentes claros ni líneas definidas. Cada cuaderna estelar es una grieta. Cada estrella, un campo de batalla potencial. Cada alianza, una traición latente.
Las distancias que antaño separaban los imperios han sido deformadas por una Red de Anomalías Estelares, herederas distorsionadas de los antiguos corredores del Exodus. En esta era temprana del Eternum, la red no posee conciencia propia ni está gobernada por entidades antagónicas. Es un fenómeno residual, caótico e inestable: una telaraña de rutas deformadas que conectan regiones inconcebiblemente lejanas como arterias abiertas en el cuerpo moribundo de la galaxia.
La navegación por curvatura, por pliegue o por tránsito extradimensional ha quedado obsoleta o es directamente imposible. El vuelo sublumínico ha vuelto a ser la norma entre sistemas cercanos, mientras que las anomalías estelares constituyen la única vía viable de conexión a gran escala. Su uso es peligroso, impredecible y profundamente transformador. Cada tránsito deja huellas en la nave, en la tripulación y, en ocasiones, en la propia genética de quienes se atreven a cruzarlas.
Por ello, las anomalías se han convertido en el recurso estratégico más valioso del Eternum. Son motivo de guerras, de peregrinaciones, de saqueos y de exterminios. Quien controla una anomalía controla un fragmento del futuro.
El Eternum no concede misericordia. Cada mundo es una moneda arrojada a un pozo sin fondo. Aquí han venido a morir los últimos sueños de gloria… y a nacer los mitos que darán forma al ocaso de la existencia. Exo y Khabal no son los únicos actores de esta tragedia: en las sombras se mueven fuerzas más antiguas aún, despertadas por la colisión de realidades, hambrientas de significado y de carne.
Los sabios susurran que el Eternum no fue una casualidad, sino una trampa final, un Kali Yuga cósmico. Un lugar donde los hilos de la evolución convergen para ser cortados uno a uno. Donde cada civilización arrancada de su matriz es puesta a prueba en la hoguera de un destino ciego y cruel. Aquí incluso los dioses sangran, y los inmortales ruegan por morir.
La Conjunción Infernal fue solo el principio. Desde entonces, el Eternum arde lentamente, como una estrella que se extingue en soledad. No tiene final. Es una promesa rota, una prisión sin muros, una guerra sin tregua.
Y en este escenario absoluto de ruina y posibilidad, la Senda de las Estrellas comienza.
No como un camino luminoso, sino como una marcha sobre cenizas, donde cada paso arrastra el peso de mil mundos muertos…
y donde, aun así, algunos eligen caminar.
ExoEl término Exo aparece por primera vez en las crónicas más antiguas de la galaxia Exo, asociado a una raza desconocida y enigmática, a la que se vinculaban las innumerables reliquias y artefactos de metal Exo dispersos a lo largo de múltiples líneas espacio-temporales.
En las primeras eras, los Exo fueron considerados una civilización extinta. Se les atribuía la autoría de las Tumbas Estelares, de las antiguas infraestructuras del Exodus y de los primeros trazados de la red de anomalías estelares. Durante milenios se los tuvo por ingenieros muertos, arquitectos de un legado incomprensible y abandonado.
Sin embargo, los Exo no desaparecieron. Fueron los ingenieros y guías de los primeros pueblos exoditas, artífices de su evolución inicial y custodios de conocimientos que trascendían una sola realidad. Desde entonces, han intervenido de forma indirecta en el devenir de la humanidad, siempre con un propósito que permanece oculto, incluso para sus aliados. En su guerra eterna contra el Khabal y sus criaturas, los Exo actúan según una lógica fría, distante y a menudo cruel, donde el sacrificio de mundos enteros es aceptable si sirve a un designio mayor.
Con el paso de las eras y tras la Conjunción Infernal, el concepto de Exo dejó de entenderse como el de una simple raza. Pasó a ser reconocido como una fuerza o principio cósmico, antagónico al Khabal, manifestado tanto en linajes genéticos como en tecnologías, artefactos y prácticas místicas. Su influencia es detectable en estirpes como los Kheb y otros linajes portadores del gen Exo, así como en reacciones específicas del metal Exo ante dicha herencia.
Hoy, los Exo son comprendidos no como salvadores ni como dioses, sino como actores primordiales de la guerra eterna. No buscan redención ni equilibrio, sino la imposición de un orden propio, cuya finalidad última sigue siendo tan inescrutable como aterradora. Allí donde su huella aparece, la historia se tuerce… y la humanidad avanza, o es empujada, hacia destinos que no ha elegido.
Revisar serie: Leyendas del Sol Negro.
Reyes Dragón del Khabal
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Los Reyes Dragón del Khabal constituyen una evolución oscura y degenerada de los antiguos Reyes Dragón surgidos en la línea espacio-temporal de Aqueron, durante los acontecimientos asociados al Mesías Rojo. En su origen fueron semidioses Igigi, entidades de inmenso poder dotadas de voluntad propia, que tras la Conjunción Infernal quedaron definitivamente sometidas a la influencia y al designio del Khabal.
Su servidumbre no es directa ni ciega, sino canalizada a través de la figura más poderosa de entre los siervos del Khabal: el Rey Brujo Revar, artífice de innumerables catástrofes cósmicas y uno de los principales actores en los sucesos que desembocaron en la Conjunción Infernal. Bajo su égida, los Reyes Dragón fueron corrompidos, exaltados y transformados en señores feudales de la oscuridad.
En la época del Eternum, numerosos sistemas estelares orientales se hallan gobernados por estos seres, convertidos en dominios feudales de terror absoluto. Las poblaciones humanas y no humanas que habitan bajo su yugo son tratadas como ganado: carne para su consumo ritual, reservas de sangre para su sustento o material bélico destinado a ser moldeado y arrojado a la guerra. Para los Reyes Dragón, la vida carece de valor intrínseco; solo existe como recurso.
Su poder es inmenso y profundamente antinatural. Poseen una fuerza física descomunal, longevidad extrema y una capacidad innata para regenerarse, controlar hordas de muertos, criaturas reanimadas o entidades sometidas mediante pactos de sangre y corrupción. Lideran vastas flotas estelares y ejércitos innumerables, y su autoridad se impone tanto por el terror como por la devastación ejemplar.
Las luchas entre los propios Reyes Dragón son constantes. Sus dominios se ven sacudidos por guerras internas, traiciones y conflictos abiertos entre estas entidades, así como por enfrentamientos con otras potencias del Eternum. Ningún pacto es duradero, ninguna alianza es sincera. Solo los une su común sumisión al Khabal y su sed inextinguible de poder.
Los Reyes Dragón no pueden ser destruidos por medios ordinarios. Solo la muerte violenta, infligida mediante armas, rituales o fuerzas capaces de igualar su naturaleza semidivina, puede poner fin a su existencia. Incluso entonces, su caída suele arrastrar sistemas enteros al colapso.
Figuras como Cinnia y Narfater, entre muchas otras, continúan engrosando las filas de estos semidioses oscuros de genética extrema, símbolos vivientes de la corrupción absoluta y de la amenaza permanente que el Khabal representa para el Eternum.
Para el Neoimperio, los Reyes Dragón del Khabal no son simples enemigos: son recordatorios vivientes de lo que ocurre cuando la divinidad se separa de toda ley, de toda medida y de toda compasión.
Salones Comunales del Hacedor
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En el mito Kurgán de las Diez Mil Legiones no existen múltiples destinos ni senderos alternativos para el alma. Solo hay un camino, una única ruta legítima para el espíritu del Guerrero: morir luchando por Nimrod y por el plan del Hacedor.
La doctrina es absoluta y no admite matices. Traicionar ese camino —huir, desertar, quebrar el juramento o alzarse contra la voluntad imperial— implica una condena irrevocable. El espíritu del traidor, junto con su alma, es conducido a la Vorágine, dominio del Khabal, donde será torturado durante milenios hasta perder toda identidad. Con el tiempo, esa esencia quebrada se transforma en un ser espiritual demoníaco al servicio de la oscuridad: un esclavo eterno, consciente de su tormento y privado de redención.
La contraparte a ese destino es morir con honor y sirviendo.
Quien cae fiel al Hegemón y al designio del Hacedor conserva la soberanía sobre su alma. Su espíritu es entonces conducido a la Nueva Jerusalén, lugar mítico donde el Hacedor ha dispuesto un gran Salón Comunal para sus hijos. Allí, según la tradición, aguarda una celebración eterna: abundancia de vituallas, placeres sin culpa y una comunión perfecta entre los guerreros caídos. No existe dolor, ni miedo, ni carencia; solo el gozo absoluto de haber cumplido el propósito para el que fueron creados.
Esta imagen no debe interpretarse de forma literal. Para los Kurgán, los Salones Comunales del Hacedor son una metáfora doctrinal del goce del alma y de la perduración del espíritu. El guerrero no descansa para siempre: en cualquier momento puede ser llamado de nuevo, requerido por la voluntad del Demiurgo para reencarnar y continuar la lucha eterna al servicio del Imperio y del Hacedor.
Así, la muerte no es un final, sino una pausa sagrada entre batallas.
La fidelidad es salvación.
La traición, condena infinita.
Los Simonitas constituyen un culto antiguo surgido de las guerras civiles religiosas de Pérgamo y vinculado directamente a la figura de Simón, el Profeta de Metal. Su doctrina se desarrolló a partir de las ideas que este defendió antes de su ejecución, centradas en la persistencia de la conciencia más allá del cuerpo biológico.
En la tradición clásica, el concepto de karma describe un equilibrio moral que afecta al individuo en función de sus acciones. Los Simonitas reinterpretan esta noción de forma más estricta y mecanicista. Para ellos, el karma no es un simple balance espiritual, sino la huella activa de la conciencia —el “motor” del individuo— que continúa propagándose en el tiempo y en otros soportes.
A diferencia de los Exoditas, cuya tecnología permite una verdadera transferencia de conciencia al metal Exo (Ascensión), los Simonitas nunca poseyeron tal conocimiento. Sus prácticas se limitan a copiar patrones mentales en cuerpos metálicos artificiales. El resultado no es la misma conciencia trasladada, sino una nueva mente que hereda las memorias, impulsos y karma del original.
Desde la ortodoxia imperial, este proceso se considera una imitación imperfecta de la ascensión exodita: una continuidad heredada, no una trascendencia auténtica.
Sin embargo, la persistencia histórica del culto llevó a que la Iglesia de Nimrod terminara tolerándolo como una corriente religiosa menor dentro del Neoimperio. Mientras no desafíen la doctrina imperial ni interfieran con los designios del Hegemón, los simonitas pueden practicar sus ritos.
En la práctica, los miembros del culto forman clanes y comunidades dispersas por el Imperio. Aunque nacen humanos, muchos siguen el camino ritual marcado por su profeta: reemplazan progresivamente partes de su cuerpo por componentes mecánicos, aproximándose cada vez más a una existencia metálica.
El proceso culmina al final de la vida en un acto que ellos denominan sacrificio final: un suicidio ritual, llamado seppuku, mediante el cual el individuo copia su conciencia —y con ella su karma acumulado— en un cuerpo de metal preparado para ese fin. La nueva entidad resultante continúa existiendo como heredera espiritual del anterior, perpetuando la cadena de memoria que, según creen, algún día permitirá completar la obra iniciada por Simón.
Así, los Simonitas buscan emular el destino de su profeta: No la perfecta trascendencia del Exo, sino una obstinada persistencia de la conciencia más allá de la carne.
Simón el Hereje, El Profeta de metal
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Figura herética de la era pre-exodita, ejecutada en Pérgamo durante las guerras civiles religiosas que asolaron aquel mundo. Su muerte fue aceptada como tributo de guerra para permitir la salvación de Mayra y del niño no nacido que portaba en su vientre. Aquel sacrificio, impuesto por las fuerzas dominantes de la ciudad y sancionado por Estilo de Nod, selló el destino de Simón y lo convirtió en una figura seminal dentro de las tradiciones posteriores.
Antes de su ejecución, Simón había desarrollado una doctrina radical en torno a la relación entre conciencia y metal. Convencido de que la carne era un vehículo imperfecto para el espíritu, defendía que la mente humana podía perpetuarse más allá de su soporte biológico mediante la transferencia o reproducción de la conciencia en cuerpos metálicos.
Aunque sus experimentos fueron incompletos y considerados abiertamente heréticos, su figura sobrevivió a su muerte. Incluso tras la invasión del Khabal sobre Pérgamo y la devastación de aquel mundo, el recuerdo de Simón persistió entre ciertos círculos doctrinales.
Con el tiempo, sus seguidores reinterpretaron su sacrificio como parte necesaria del advenimiento del primer Nimrod. En sus propias escrituras lo consideran una figura preparatoria, un mártir imperfecto cuya búsqueda anticipó —aunque de forma desviada— los misterios de la trascendencia que más tarde quedarían vinculados al Exo y al destino de la humanidad en el Eternum.
Por esta razón, dentro de ciertos sectores del Neoimperio se le recuerda como Simón el Hereje, pero entre sus adeptos es venerado como el Profeta de Metal.
El Sindicato Martel es una de las organizaciones criminales más antiguas, poderosas y persistentes del Eternum. Sus orígenes se remontan a la era previa a la Conjunción Infernal, en una línea espacio-temporal vinculada al antiguo Exodus. A diferencia de otras estructuras criminales surgidas tras el colapso de las realidades, los Martel no son un fenómeno reciente, sino un legado corrupto que logró adaptarse y sobrevivir al cataclismo cósmico.
A lo largo de los milenios, el Sindicato ha prosperado mediante alianzas pragmáticas con otros grupos marginales y proscritos, especialmente con los clanes Andalore y con la orden Mordus, con quienes comparten ancestros remotos y una herencia cultural y genética común, así como una misma línea espacio-temporal. Estas relaciones, basadas exclusivamente en el beneficio mutuo, han permitido a los Martel extender su influencia por rutas comerciales secundarias, estaciones orbitales menores y hubs fronterizos alejados del control directo del Neoimperio.
Sus actividades representan lo más vil y degenerado de la sociedad imperial: tráfico de drogas, comercio de órganos, trata de personas, contrabando de reliquias Exo y explotación sistemática de poblaciones marginales. Allí donde el Neoimperio no llega, o decide mirar hacia otro lado, los Martel prosperan.
Periódicamente, la Iglesia de Nimrod, la Cofradía de Inquisidores o las Diez Mil Legiones ejecutan purgas ejemplares contra el Sindicato. Sin embargo, estas operaciones nunca han logrado erradicarlo por completo. La estructura de los Martel es fragmentaria, descentralizada y mutable: cuando un cacique criminal cae, otro ocupa su lugar; cuando una célula es aniquilada, dos nuevas surgen en su sombra. Como una hidra criminal, el Sindicato Martel parece imposible de exterminar.
Los Martel se distinguen también por su transformación corporal extrema. Son, en su mayoría, ciborgs. Se rasuran todo el vello facial y corporal, y miden su estatus interno por el número y la complejidad de las mejoras mecánicas implantadas. No es raro que amputen voluntariamente miembros sanos para sustituirlos por prótesis, buscando asemejarse cada vez más a máquinas y alejándose deliberadamente de cualquier rasgo humano reconocible. Esta estética no es solo funcional, sino ideológica: para los Martel, la carne es debilidad y la máquina, poder.
Su crueldad es legendaria incluso entre los bajos fondos del Eternum. Carecen de códigos de honor, fe o lealtades duraderas. Solo reconocen una ley inmutable: el beneficio. Todo —vidas, mundos, cuerpos y recuerdos— es mercancía si el precio es el adecuado.
Para el Neoimperio, el Sindicato Martel no es un enemigo ideológico, sino una infección crónica: demasiado extendida para ser ignorada, demasiado útil en ciertos márgenes para ser erradicada por completo, y siempre al acecho, prosperando en las grietas de un universo condenado a la corrupción.
Tales de Nod y del Explorador Oscuro
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Padre de Esquilo. Portador del gen Exo, y primer navegante y descubridor del Explorador Oscuro. Figura erudita del pasado nodita.
TemisPrincipio o entidad arquetípica asociada a Clea y a las corrientes más antiguas del pensamiento Exo. En la tradición imperial y en los relatos velados previos a la Conjunción Infernal, Temis encarna el principio de equilibrio luminoso, la balanza que ordena, pesa y delimita las fuerzas emanadas del Exo frente a su corrupción.
Temis no representa una bondad ingenua ni una misericordia complaciente, sino una luz severa y reguladora, orientada a la armonización de la materia, la contención del exceso y la preservación de un orden que permita la trascendencia espiritual. Su influencia se manifiesta en la justicia ritual, en la contención del poder y en la orientación de las voluntades hacia un fin superior, aun cuando ello implique sacrificio.
En el balance cósmico, Temis se sitúa en contraposición directa a Mefisto, Arconte vinculado al Khabal y a la navegación consciente de la Red de Anomalías, cuya esencia promueve el deseo, la entropía y la sujeción del espíritu a la materia. Donde Mefisto seduce y encadena, Temis mide y limita.
Tras los acontecimientos del Mundo Ceniza y la muerte de Clea, la conciencia de Temis trascendió su anclaje material y pasó a influir, de forma indirecta y fragmentaria, en la Red de Anomalías, estableciendo una tensión permanente con su antagonista. Desde entonces, toda navegación, todo tránsito y toda decisión tomada en esa red se halla, consciente o no, bajo la eterna pugna entre Temis y Mefisto, reflejo último del conflicto entre Exo y Khabal en el corazón del Eternum.
Urushdaur (ritual sangriento y poderoso)
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Ritual arcóntico reinterpretado del anterior ritual oscuro, de trascendencia para el Neoimperio, aplicado por las Hermanas del Camino a los Neffut-Kurgán y a los antiguos Igigi. En el caso de las legiones Kurgán; ajeno al Khabal y sometido a la voluntad del Hegemón.
En su versión más extrema y usando el Elixir extraído de las plantas de Maná, extraídas de las selvas de Nuevo Kalaran por El Mordus, es usado para crear a los Inquisidores de la Cofradía.
Vidarna, Vhaxar de la Mano Blanca
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Vhaxar que comanda la flota de la Legión de la Mano Blanca; enviada a Hastapor. Protector temporal de Jared. Portador del relato fundacional sobre las Tres Semillas y el Mundo Ceniza.
Como es sabido, el símbolo de la legión del noble Vidarna, es una mano blanca, que lucen sus tropas y dragones en sus blasones de guerra.
VhaxarCasta suprema de los comandantes del Neoimperio.
Son diez mil en número fijo y solo son reemplazados tras la muerte. Cada uno tiene su propia legión, su propio blasón y su propio bastión capitular.
Comparten un 0,01 % del material genético del Emperador y mantienen comunicación telepática con él. Cada Vhaxar comanda una legión.
Solo un Neffut-Kurgán, que ha superado el Urushdaur y se ha transformado, puede ascender de la muerte y adquirir la condición sagrada de Vhaxar.
Wotan Daneron, Mano del Emperador
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Líder indiscutible de la Guardia Negra, consejero supremo del linaje Nimrod y figura de autoridad absoluta en ausencia de una decisión expresa del Emperador-Profeta. Wotan Daneron es un ser anterior a la Conjunción Infernal, cuya existencia está documentada tanto en la galaxia Exodus como en la Vía Láctea durante el Tiempo de La Pureza. No pertenece a ninguna humanidad conocida. Es, según el dogma imperial, un enviado directo de los Exo, una voluntad encarnada para custodiar el equilibrio del proyecto humano.
Dentro del orden imperial, Wotan Daneron actúa como Mano del Emperador y, llegado el caso, como su Regente, con autoridad plena para gobernar, dictar sentencias irrevocables y ejecutar la transición entre un Nimrod y su sucesor. Es él quien determina cuándo un reinado ha concluido, cuándo un clon debe alzarse y cuándo la memoria genética acumulada debe ser transferida al nuevo portador del linaje. En este sentido, no sirve al Emperador como individuo, sino a la continuidad sagrada de la estirpe.
Wotan es también el líder efectivo del Consejo de los Doce. Aunque formalmente los Doce rinden cuentas al Emperador-Profeta, en la práctica ningún miembro del Consejo osa contradecir una orden directa de la Mano del Emperador. Su palabra no se discute; se ejecuta.
Visualmente, Wotan Daneron es indistinguible de los otros treinta y dos Guardianes Negros salvo por un único detalle: es el único que porta una capa con capucha, también negra, caída sobre su cuerpo metálico. Este símbolo no es decorativo, sino ritual. Representa su función como guardián del umbral entre un reinado y el siguiente, entre la vida y la muerte del Emperador-Profeta.
Para el ciudadano común, la Guardia Negra es un mito.
Para la Iglesia, una verdad incómoda.
Para los Inquisidores, un límite que no puede cruzarse.
Y para el linaje Nimrod, la última garantía de que el Imperio no caerá por debilidad… sino solo cuando los Exo así lo decidan.