Los secretos de los exoportales

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El exoportal

Oculto en lo más profundo del Explorador Oscuro, más allá de las zonas accesibles para cualquier tripulación humana, protegido por blindajes gravitacionales que solo un exomante puede descifrar, se encuentra uno de los artefactos más peligrosos, antiguos y sagrados de toda la tecnología exodita: el Exoportal.

Este dispositivo no fue construido para servir a mortales. Es un vestigio, un residuo sobreviviente de una época previa a la Conjunción Infernal, cuando los Exo aún caminaban entre realidades y sus obras respondían a leyes ajenas al orden humano. Su mera presencia en el corazón del Explorador Oscuro convierte a la nave en un arma estratégica incomparable y, al mismo tiempo, en una amenaza latente que jamás deja de observar.

Naturaleza del artefacto

El Exoportal no posee forma mecánica reconocible. No está compuesto por engranajes, matrices lógicas ni núcleos energéticos convencionales. Su estructura —descrita en los historiales técnicos exoditas preservados en el sarcófago del exomante — adopta la apariencia de un rombo perfecto suspendido en el vacío interno del reactor arquetípico. Sus superficies, de un negro mineral más antiguo que cualquier metal humano, reflejan geometrías imposibles, espejismos que no corresponden a ninguna dimensión física conocida.

El artefacto vibra con un pulso inaudible, una cadencia que recuerda a un corazón enterrado bajo capas de tiempo y memoria. No reacciona a la luz. No proyecta sombra. Pero todo aquel que lo contempla siente el mismo estremecimiento: el presentimiento de estar ante algo vivo… o ante algo que jamás debería haber despertado.

Los registros conservados por la Senda indican que su material, un compuesto exo irreproducible, no figura en ninguna tabla periódica humana ni podría fabricarse con las herramientas del Eternum. Es una sustancia que responde a patrones energéticos extradimensionales, capaz de sostener campos de contención sin requerir fuente de alimentación aparente.

Función y capacidades

La función primaria del Exoportal consiste en forzar la apertura de anomalías espacio-temporales internas, imitando —en escala reducida pero igualmente peligrosa— los efectos de los portales de vacío empleados por el Khabal en múltiples líneas temporales.

El procedimiento no es un salto ni una curvatura. No es navegación. Es conexión.

Cuando un exomante activa el artefacto, el Explorador Oscuro sincroniza temporalmente su núcleo de no-tiempo con otro punto del Eternum dotado de resonancia exodita compatible. Esta conexión solo puede ejecutarse a una distancia máxima limitada (férrea norma inscrita en los protocolos del sarcófago), pero dentro de ese rango el Exoportal permite enlazar:

  • Estaciones exoditas abandonadas,

  • Puestos de avanzada de antiguas civilizaciones humanas,

  • Estructuras perdidas orbitando soles muertos,

  • Incluso fortalezas demoníacas donde las anomalías del Khabal han corrompido la realidad.

El Exoportal no discrimina. No protege. Solo obedece la secuencia correcta.

Y, como todo artefacto exodita, su neutralidad es tan peligrosa como su poder.

Riesgo y condenación

A lo largo de los registros históricos conservados en los anexos del Explorador Oscuro , queda claro que las tripulaciones humanas que ocuparon la nave durante los siglos posteriores a la Conjunción Infernal jamás comprendieron completamente los riesgos asociados al Exoportal. Una anomalía abierta es un tajo en la carne del cosmos. Algo cruza. Algo responde. Algo observa.

El dispositivo no distingue intenciones. Si la secuencia es correcta, la anomalía se abrirá, y el destino que aguarde al otro lado no puede ser negociado.

Los registros exoditas describen casos de entidades incorpóreas, ecos de civilizaciones extinguidas o fragmentos de consciencias atrapadas en líneas de realidad colapsadas que cruzaron involuntariamente durante operaciones fallidas.

El Exoportal no exige sacrificios… pero los cobra.

Activación: la llave exomante

Ningún humano, por noble o temerario que sea, puede activar el Exoportal sin intervención directa de un exomante. La secuencia requiere sincronización genética, afinidad espiritual y dominio del sarcófago exodita, tal como se muestra en los protocolos del navegante en El Navegante .

Para proceder, el exomante debe:

  1. Desactivar el motor de no-tiempo, suspendiendo el flujo interno de la nave.

  2. Sumergirse en el sarcófago, donde las hebras exoditas se introducen en la carne y la mente.

  3. Transmitir el código sagrado, una orden arquetípica que no se pronuncia: se recuerda.

  4. Sincronizar la nave con el destino elegido, permitiendo que la grieta se abra.

No hay error permitido. No hay segunda oportunidad. Una mala conexión puede destruir la nave o, peor aún, traer algo que no pertenece a esa línea temporal.

Significado y consecuencia

Los exomantes consideran al Exoportal como un legado mayor que la propia nave. Una herramienta que no debería existir, y sin embargo es imprescindible en un cosmos donde los viajes entre cuadernas estelares son casi imposibles.

Los humanos que lo han estudiado lo llaman llave.
Los exomantes, con más prudencia, lo llaman abismo.

El Explorador Oscuro continúa avanzando por la noche perpetua, con el Exoportal dormido en su vientre metálico. Cada generación que ha pisado su interior ha dejado constancia del mismo temor reverencial:

«No hay victoria posible si se abre sin razón. No hay salvación posible si se activa demasiado tarde.»

Y aun así, el Exoportal aguarda.
Porque en el Eternum, toda senda termina conduciendo al mismo lugar: aquello que se oculta detrás del velo de las anomalías.

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