Sofía Médici es una heredera fugitiva de la Casa Médici y una de las figuras jóvenes protegidas por Silas. Posee una afinidad singular con las máquinas: no solo entiende sistemas complejos, sino que parece percibir su funcionamiento con una naturalidad que la separa de quienes la rodean. Esa sensibilidad tecnológica resulta decisiva a bordo de la Babieca, donde encuentra un espacio de supervivencia después de escapar de un entorno familiar dominado por el poder, la manipulación y la violencia.
Su apellido la convierte en objeto de sospecha. Para Dave Sforza, la Casa Médici está asociada a siglos de guerra y a los rumores sobre la muerte de Muzio. Sofía rechaza cargar con crímenes que no cometió y recuerda que las fuerzas Sforza también han masacrado a los suyos. Su relación con Dave se construye sobre esa tensión: atracción, desconfianza, necesidad mutua y deseo de ser mejores que sus antepasados.
Sofía no es una víctima pasiva. Ha soportado abusos durante su huida, incluido su paso por un carguero de hielo en Belerofonte, y conserva una dureza nacida de la necesidad. Silas la rescata, pero ella debe reconstruir por sí misma la capacidad de confiar. El Maestro Inquisidor se convierte en protector, mientras Sinuhé aporta experiencia y una forma menos rígida de comprender las rivalidades de las grandes casas.
Dentro del lore de La Pureza, Sofía representa la posibilidad de romper una línea de sangre sin negar su existencia. Continúa siendo Médici, con los conocimientos y peligros que ese nombre implica, pero se niega a aceptar que la herencia determine sus actos. Su vínculo con la tecnología, su relación con Dave y su conocimiento de secretos familiares la convierten en una pieza central para comprender el conflicto entre casas, Cofradía y poderes ocultos.
