Sinuhé es un mercader veterano que acompaña a Silas, Sofía y Dave en la Babieca. Su papel excede el de simple comerciante. Conoce rutas, casas nobles, lenguas, pactos y formas de supervivencia que no aparecen en los manuales inquisitoriales. En una galaxia fragmentada tras la caída del Viejo Imperio, esa experiencia práctica puede valer más que una flota: Sinuhé sabe quién miente, qué deuda sigue vigente y qué puerto acepta una nave perseguida.
Su relación con los jóvenes protegidos por Silas está marcada por una mezcla de ironía, paciencia y tutela. Comprende la rivalidad entre Sforza y Médici, pero no la trata como un destino sagrado. Para él, los apellidos son fuerzas reales porque movilizan ejércitos y odios, aunque también son construcciones humanas que pueden perder su poder cuando quienes los heredan actúan de otra manera.
Sinuhé sirve además como puente entre el rigor de Silas y las necesidades cotidianas de la tripulación. El Maestro Inquisidor piensa en amenazas, dogmas y purgas; el mercader piensa en combustible, refugios, contactos y consecuencias políticas. Esa diferencia no los convierte necesariamente en enemigos. Al contrario, la complementariedad entre ambos explica por qué la Babieca puede atravesar territorios hostiles y mantener con vida a quienes lleva.
Su conocimiento de las casas, de la Hermandad y de las redes comerciales lo sitúa cerca de secretos que muchos preferirían enterrar. Dentro de La Pureza, Sinuhé representa la memoria no oficial de la Esfera Humana: la historia transmitida por quienes negocian entre ruinas, sobreviven a los cambios de bandera y conocen el precio real de cada juramento. Allí donde los nobles hablan de honor y los inquisidores de Pureza, él recuerda quién pagará la cuenta.
