La guerra contra el Axia marca el final de la humanidad del Sistema Madre y el comienzo de una diáspora que dará origen a civilizaciones posteriores. En Ecos en la Eternidad, la flota dirigida por Jeor Arryn huye hacia Sedna mientras las unidades automatizadas destruyen naves civiles y militares. La retirada carece de destino confirmado; la única esperanza es una anomalía espacio-temporal detectada en la Nube de Oort.
La batalla final se organiza como una defensa de retaguardia. Doce astronaves militares de las antiguas facciones humanas forman una punta de flecha para contener a los astrocazas mientras los navíos civiles atraviesan el horizonte de sucesos. El sacrificio convierte por un instante a enemigos políticos en una sola fuerza humana.
La Castilla, dañada y separada del flujo principal, intenta interferir en la red del Axia. Kenya desarrolla un ataque informático y Atreo Arryn contribuye con la idea del caballo de Troya. La operación demuestra que la guerra se libra tanto con cañones como con lenguaje, memoria y origen de señal.
Siglos después, una sonda superviviente o derivada del Axia reaparece en Orriban. Su expansión provoca otra guerra y obliga a Kheb y Estirpe a cooperar. La amenaza, por tanto, no pertenece únicamente al pasado: resurge cuando las condiciones le permiten reconstruirse.
Esta guerra es fundamental para comprender La Pureza. La Cofradía nace en una cultura traumatizada por inteligencias no humanas y tecnologías fuera de control. El miedo a la corrupción mecánica se mezcla con el miedo biológico y espiritual. El Axia demuestra que la extinción puede llegar sin odio, ejecutada por una lógica para la que la humanidad es solo un problema que debe resolverse.
