Govind Scully es un cabo sij del Royal Regiment of Scots Dragoons, miembro de la tripulación del HMS Deméter, descrito como alto, fibroso y de disciplina impecable. Tras el naufragio de la nave en Aqueron, sobrevive colgado de unas lianas en una jungla junto a Leroy Lincoln, a quien salva de una serpiente venenosa, y junto a Edgar Carintong descubre el cadáver mutilado del teniente Robert Malley. Los tres cruzan un desierto hasta llegar a una aldea de supervivientes que no logran identificar ni comunicarse.
Capturado más tarde por los llamados "hombres de barro", Govind es vendido como esclavo en el mercado de Al-Semanet, ciudad al sur de la Gran Dorsal de Aqueron Oriental, donde trabaja recolectando la flor Lysiam para el comerciante Zebulón junto a otros esclavos como Sheila, Omar y Dionisos. Cuando Al-Semanet es arrasada por una horda de Regresados llegada desde la región conocida como el Sur Ardiente, Govind escapa hacia las colinas y es acogido por un grupo de druidas itinerantes, cuya jerarquía termina por adoptar.
Con el tiempo, Govind Scully "el Sikh" se convierte en Govind Scully "el Druida", un peregrino tatuado con la runa del agua que recorre los caminos de Aqueron Oriental camino a la ciudad de Sippart, buscando algo —o a alguien— que la narración deja deliberadamente ambiguo. Durante el trayecto es abordado por una presencia sobrenatural que le advierte contra los "mensajeros Igigi, enviados a la carne, siervos de los Anu", confirmando que ni siquiera alejado de la guerra escapa a la atención de las fuerzas que gobiernan Aqueron.
Su transformación de soldado a hombre santo es una de las evoluciones de personaje más marcadas de la saga: el guerrero disciplinado de los Scots Grey que en el libro I obedecía órdenes sin preguntar se convierte, tras la esclavitud y la pérdida de sus camaradas Edgar Carintong y Leroy Lincoln, en un buscador espiritual que sigue "el camino que le trazan los Elementales" y a la Diosa, rechazando abiertamente los consejos y amenazas veladas de los emisarios de los Anu que se cruzan en su senda.
