Aedh Drummond es uno de los antagonistas principales de la serie: un señor Igigi —sirviente transformado de los Anu— que gobierna la ciudad de Morgay, en la Isla Occidental de Aqueron, como sucesor de un tal Lord Bellmont y vasallo de Rocamar. De piel cérea, ojos amarillos idénticos a los de los Regresados y dientes ennegrecidos, exige cada año un sacrificio infantil a "la Oscuridad" a cambio de preservar la vida de su pueblo, ritual que celebra públicamente con la connivencia de un anciano monje corrupto.
Su historia como humano comienza mucho antes: nació en la Tierra del siglo XX como el hijo pequeño de María Drummond, una mujer que, en la Zona del Silencio (un desierto entre Chihuahua, Coahuila y Durango, tristemente célebre por anomalías electromagnéticas), presencia cómo su hijo es raptado por una nube luminosa y una silueta encapuchada durante una tormenta sobrenatural. Ese niño Aedh reaparece, siglos después en términos de Aqueron, convertido en el señor Igigi que tortura a Jonah Fox en las mazmorras de Morgay tras la muerte de un Dahaka —una bestia reptiliana alada a su servicio— y que masacra a la familia campesina que Fox había intentado proteger.
Drummond es derrotado militarmente cuando una alianza de ciudades-estado (La Orden, los Señores del Norte, Agarthia y Vagarde), liderada por el jefe nórdico Midgar y el propio Jonah Fox, asalta y libera Morgay. Durante la batalla, usa a Frana McGregor como escudo humano ante una flecha destinada a Cinnia, matando al niño y sellando el inicio de la leyenda del Mesías Rojo. Drummond escapa junto a Cinnia rumbo a Rocamar, dejando pendiente su confrontación final con Fox.
En su primer y único diálogo directo con Fox, encadenado y torturado, Drummond deja caer una de las revelaciones clave de la mitología de la serie: reconoce que Fox "no es de esta tierra", que ha "cruzado océanos de tiempo y sueños de otros mundos" a través de una "puerta tormenta", y le advierte que en Aqueron nadie se enfrenta a un Dahaka o a un señor Igigi y sobrevive. Ese desprecio se convierte en su propio error de cálculo: Fox no solo sobrevive, sino que se transforma, gracias a esa misma hazaña imposible, en el símbolo que terminará derrocándolo en Morgay.
