Los Anu son la fuerza depredadora que subyace a toda la trama de Crónicas de Aqueron, identificados explícitamente con los Anunnaki de la mitología sumeria. Actúan como una civilización o entidad ancestral capaz de moverse entre mundos y líneas temporales distintas a través de portales como La Brecha ("puertas tormenta"), con el objetivo de "segar" cada realidad: exterminar, esclavizar y vaciar sus recursos —sobre todo el oro— antes de abandonarla convertida en un erial estéril poblado por criaturas hambrientas que impiden cualquier resurgimiento. Según Andreas Lampert, ya convertido en su servidor, "lo mismo ocurría en otros puntos del planeta, en otros mundos, en otras realidades simultáneas": la Tierra victoriana, Aqueron y —a juzgar por el hilo argumental de Manfred Farragut y Sophia Irwin en Pakistán— también otras épocas de la propia historia humana han sido o serán objetivo de la misma siega.
Los Igigi son los sirvientes directos de los Anu: antiguos humanos "reconvertidos" que pierden su naturaleza mortal y ganan poderes sobrenaturales (fuerza descomunal, inmortalidad aparente, ojos amarillos permanentes, telepatía parcial). Entre los Igigi conocidos están Aedh Drummond, señor de Morgay; Narfater, una entidad femenina de apariencia joven cuyo nombre significa "La Noche"; Andreas Lampert, antiguo pianista de Londres; y, hacia el final de la serie, Cinnia McGregor, corrompida tras la caída de su clan. Por debajo de los Igigi se sitúan los lulu (antes "Regresados"), masa de esclavos sin voluntad que ejecutan el trabajo físico —incluida la extracción de oro bajo el Banco de Inglaterra— y sirven como carne de sacrificio o de combate.
Frente a los Anu se alza la Diosa, divinidad venerada por la Orden de Agarthia, los druidas y buena parte de los pueblos de Aqueron, cuyos elementales dieron origen, según la leyenda, a los "Héroes" y a los "Constructores": la última línea de resistencia espiritual contra la conquista de los Anu.
