Lore

La Peste Oscura y los Regresados

La Peste Oscura es la fiebre implacable y sin cura que asola Londres tras el Eclipse Constante: vértigos, pústulas, sudores helados, vómitos oscuros y fiebres que rompen huesos. La mayoría de los infectados mueren, pero un porcentaje se levanta de nuevo horas después de expirar, convertidos en los llamados Regresados: seres de piel azulada y fría, ojos amarillos y felinos con el mismo fulgor de La Brecha, que vagan s...

La Peste Oscura es la fiebre implacable y sin cura que asola Londres tras el Eclipse Constante: vértigos, pústulas, sudores helados, vómitos oscuros y fiebres que rompen huesos. La mayoría de los infectados mueren, pero un porcentaje se levanta de nuevo horas después de expirar, convertidos en los llamados Regresados: seres de piel azulada y fría, ojos amarillos y felinos con el mismo fulgor de La Brecha, que vagan sin rumbo salvo cuando trepan a las alturas para contemplar la grieta del cielo con una mezcla de reverencia y servidumbre.

Al principio se los confunde con muertos vivientes hambrientos de carne, pero la serie revela progresivamente que su comportamiento es mucho más organizado de lo que aparenta: "no actúan como bestias… piensan, calculan", advierte Macfair. En libros posteriores se desvela su verdadera naturaleza: son sirvientes esclavizados —bautizados como lulu en la terminología de los Anu— utilizados como mano de obra forzada para extraer oro y otros metales de las civilizaciones que los Anu están "cosechando", incluyendo una cámara secreta bajo el Banco de Inglaterra en Piccadilly.

Por encima de los lulu existe una jerarquía superior, los Igigi: antiguos humanos poseídos o transformados en servidores conscientes y letales de los Anu (casos como Aedh Drummond, Narfater, Andreas Lampert o, más adelante, Cinnia McGregor). La Peste Oscura, lejos de ser una plaga natural, es en realidad el mecanismo de conversión con el que los Anu preparan el terreno humano —en cualquier época o mundo— antes de su llegada definitiva.

En los primeros días de la epidemia, la propia sociedad londinense reacciona con un pánico tan letal como la plaga: turbas supersticiosas linchan y queman a los Regresados sin distinción, sin que importe si en otro tiempo fueron vecinos, esposas o niños. Con el paso de las semanas, sin embargo, su presencia se normaliza como una llaga asumida en la rutina del desastre, mientras corren rumores —nunca confirmados oficialmente— de que los Regresados no solo caminan sin rumbo, sino que se llevan a personas no infectadas, alimentando la pregunta que obsesiona a Walter Stewart desde el primer capítulo: ¿de qué se alimentan en realidad esas criaturas?