Los dragones son criaturas colosales de escamas, fuego y memoria. Algunos alcanzan una legua y media de longitud y sostienen bastiones enteros sobre el lomo.
Las ciudades escudo dependen de ellos para obtener calor, energía y movilidad. Los clanes de jinetes conservan lenguas y vínculos que permiten despertar a las bestias. Los mecánicos, en cambio, transforman su fuego en trabajo mediante calderas y engranajes.
Los dragones envejecen y mueren. Sus cuerpos se convierten en hueso, polvo y ceniza. La caída de Constanza muestra que el sistema humano ha agotado o perdido a casi todos. Astarté es excepcional porque todavía puede volar y combatir. En el lore del Continuus Nexus, los dragones de Llama y Ceniza deben entenderse dentro de esta cultura específica, sin atribuirles capacidades o genealogías no confirmadas por los libros.
Apariciones y relaciones canónicas
La tarjeta de Los dragones de las ciudades escudo pertenece a la serie Llama y Ceniza. Su contenido procede de Ceniza de Dragón, Corazón de Dragón, Ojos de Dragón y Alas de Dragón. La cronología principal se sitúa en el año 6033 tras la caída de la Primera Ciudad.
Las visiones de Clea, las afirmaciones de Temis y Mefisto, las supersticiones sobre la ceniza y las interpretaciones de los alquimistas deben conservarse como perspectivas del canon cuando el texto no las confirma como hechos objetivos. Del mismo modo, las entidades de Lutecia no deben recibir una identidad definitiva más allá de lo mostrado: imitan, aprenden, cuentan y observan, pero su naturaleza completa permanece abierta.
Las conexiones con La Senda de las Estrellas y La Guerra de los Mil Tronos solo deben ampliarse mediante relaciones expresamente establecidas por las novelas. Este artículo está concebido como referencia de lore para lectores y creadores de contenido, no como autorización para introducir personajes, poderes, lugares o genealogías ajenos al material canónico.
