La caída de Jericó es la ofensiva del Kurgán que destruye la capital fundada por Kadosh-Abaddón. Ocurre después de la partida de Cinnia y sorprende a las defensas del mundo.
Los escudos resisten pocas horas. La ciudad, los muros y las fuerzas Neffut son superados por una armada que no ofrece negociación. La muerte de Kadosh precipita el colapso de su imperio.
El acontecimiento inicia la persecución de Nicodemo y los últimos Neffut. También demuestra que el nuevo imperio de los Elegidos, pese a su poder, no estaba preparado para una guerra total contra el Kurgán. Jericó pasa de símbolo de tierra prometida a advertencia sobre la fragilidad de los mesianismos.
Relevancia dentro de la serie
La función de La caída de Jericó debe interpretarse dentro de la estructura de novela río de Khaos y Oscuridad. El concepto no permanece aislado en una sola escena: sus consecuencias se proyectan sobre decisiones militares, herencias políticas y conflictos espirituales desarrollados a lo largo de los ocho libros. Cuando la serie recupera nombres, lugares o tecnologías procedentes de Mesías Rojo, Leyendas del Sol Negro o La Pureza, lo hace para mostrar continuidad causal y no como una referencia ornamental. Por ello, esta tarjeta debe leerse junto a las dedicadas a sus aliados, adversarios y acontecimientos relacionados.
El canon distingue además entre hechos presenciados, interpretaciones religiosas, propaganda política y sospechas de los personajes. Las afirmaciones sobre destino, divinidad o naturaleza última no deben ampliarse más allá de lo confirmado por las novelas. La relevancia de La caída de Jericó reside precisamente en cómo altera el equilibrio entre esas versiones de la verdad. Su desarrollo ayuda a comprender que el Continuus Nexus no está compuesto por historias paralelas independientes, sino por memorias, linajes y guerras que reaparecen transformados en otras épocas y líneas espacio-temporales.
