La Cofradía de Inquisidores es una orden militar, religiosa y biológicamente modificada dedicada a proteger a la humanidad frente a mutaciones, plagas, posesiones y especies alienígenas. Sobrevive a la caída del Viejo Imperio como una de las pocas instituciones capaces de responder a amenazas en sistemas remotos. Sus miembros operan desde casas capitulares, naves propias y una red de balizas de la Pureza que permite solicitar auxilio incluso en colonias abandonadas por los poderes políticos.
Los inquisidores visten armaduras negras, máscaras metálicas de ojos rojos y el emblema del jaguar de Hermón. Utilizan pistolas de plasma marauder, espadas, fusiles y cinturones de escudo. Su aspecto no es solo funcional: forma parte del dogma. La máscara elimina la individualidad visible y convierte al inquisidor en representación de la orden.
La Cofradía posee rangos internos, entre ellos inquisidores de distintos grados, Maestros Inquisidores y Antiguos. El acceso al consejo depende de la promoción y de la confianza de la jerarquía. Samael nunca alcanza el rango de Maestro, mientras Silas llega a dirigir la orden. Esa diferencia alimenta una lucha doctrinal sobre el papel político de los inquisidores.
Su principio tradicional es la neutralidad. Deben combatir la impureza sin gobernar ni intervenir en disputas ordinarias entre casas. Tras la fragmentación de la Esfera Humana, ese dogma se vuelve problemático: proteger colonias implica enfrentarse a señores feudales, corporaciones y facciones que utilizan mutaciones o fuerzas arcontes.
La Cofradía encarna una paradoja. Sus miembros han sido transformados para defender la pureza humana, de modo que ya no son plenamente humanos según los criterios de quienes protegen. La serie explora esa contradicción sin resolverla de forma simple. La Pureza puede ser escudo, religión o instrumento de dominio, según quién interprete sus leyes.
