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Edgar McElroy, conocido en su verdadera naturaleza como Akibel, es una de las figuras más decisivas y perturbadoras de Crónicas de Aqueron. Su presencia conecta de forma directa la Tierra del siglo XIX con Aqueron, actuando como catalizador de la apertura de la Brecha y como agente encarnado de los Igigi en el plano humano.
Identidad y naturaleza
Edgar McElroy aparece inicialmente como un arqueólogo y erudito vinculado a los estudios de las Orcadas y al Círculo de Brodgar. Sin embargo, su comportamiento, su conocimiento y, especialmente, ciertos rasgos físicos —como la anomalía en sus ojos— revelan desde el principio que no es completamente humano.
Su verdadera identidad es la de Akibel, un Igigi que ha adoptado forma humana mediante el uso del Urushdaur, tecnología de posesión que permite a estas entidades ocupar cuerpos humanos y operar en su plano.
La apertura de la Brecha
Uno de los actos más trascendentales de McElroy/Akibel es la activación de la Brecha en el Círculo de Brodgar. Este evento no es accidental ni natural: es el resultado de un proceso deliberado ejecutado por él para conectar Aqueron con la Tierra.
La Brecha actúa como un portal interdimensional, permitiendo el tránsito entre mundos y abriendo la puerta a la llegada de la plaga y de los Regresados. Con este acto, McElroy no solo altera el destino de los protagonistas, sino que desencadena la cadena de acontecimientos que llevará a la guerra de Aqueron.
Relación con la Cuarta Sección
Durante los eventos iniciales en Londres y las Orcadas, McElroy se integra en la expedición del HSM Deméter, junto a Walter Stewart, Connor Thomas y el resto de la Cuarta Sección. Su papel es ambiguo: colabora, observa y guía, pero siempre desde una posición de conocimiento superior.
Su presencia en el grupo no responde a lealtad alguna hacia la humanidad, sino a la necesidad de asegurar que el cruce a Aqueron se produzca bajo las condiciones adecuadas.
Rocamar y el cautiverio de Walter Stewart
Una vez en Aqueron, Akibel se establece en Rocamar, la fortaleza de los Igigi bajo el dominio de Abaddón. Allí se convierte en carcelero de Walter Stewart, a quien mantiene prisionero durante años.
Durante este cautiverio, Akibel permite a Walter acceder a manuscritos y conocimientos prohibidos, en un acto que mezcla control, experimentación y arrogancia. Esta decisión resultará crucial, ya que ese mismo conocimiento será utilizado más adelante contra los Igigi.
Lealtad y posición entre los Igigi
Akibel actúa como servidor de Abaddón, aunque su comportamiento sugiere una autonomía considerable dentro de la jerarquía de los Igigi. No es un simple ejecutor, sino un agente con iniciativa propia, capaz de manipular eventos tanto en la Tierra como en Aqueron.
Su papel en la guerra no es el de un general en el campo de batalla, sino el de un arquitecto de los acontecimientos: abre puertas, mueve piezas y deja que otros ejecuten las consecuencias.
Significado dentro de la saga
Edgar McElroy/Akibel representa la infiltración de lo ajeno en lo humano. Es la prueba de que la guerra de Aqueron no comienza en el campo de batalla, sino mucho antes, en los márgenes del conocimiento y en las grietas de la realidad.
Su figura encarna la manipulación silenciosa: no destruye directamente, sino que crea las condiciones para que la destrucción sea inevitable.
En última instancia, es el responsable directo de que la humanidad cruce la Brecha y se enfrente a un mundo que nunca debió haber conocido.
