Lore

Los Igigi y la Sed de Sangre

## Los Igigi y la Sed de Sangre Los Igigi son seres longevos que gobiernan mundos humanos y se presentan como dioses. En «Mesías Rojo» aparecen Pazazu, Baalfegor, Cinnia y numerosos Reyes Dragón. Algunos proceden de épocas remotas; otros son humanos transformados mediante Urushdaur. Su longevidad depende de la alimentación y del sometimiento. La carne y la sangre humanas poseen un valor especial para ellos. La privac...

Los Igigi y la Sed de Sangre

Los Igigi son seres longevos que gobiernan mundos humanos y se presentan como dioses. En «Mesías Rojo» aparecen Pazazu, Baalfegor, Cinnia y numerosos Reyes Dragón. Algunos proceden de épocas remotas; otros son humanos transformados mediante Urushdaur.

Su longevidad depende de la alimentación y del sometimiento. La carne y la sangre humanas poseen un valor especial para ellos. La privación desencadena la Sed de Sangre, estado en el que el convertido pierde control y puede devorarse a sí mismo, como ocurre con Leopold.

Los Igigi no gobiernan todos del mismo modo. Pazazu utiliza esclavistas, lulu, drakkares y nobles corruptos. Baalfegor construye un culto sacrificial alrededor de Esaú y la Pirámide Negra. Cinnia pacta con los drakonianos y sustituye parcialmente la carne humana por primates. Abaddón reorganiza religiones y crea nuevos servidores mediante Urushdaur.

Sus rivalidades son esenciales. Pazazu combate a Baalfegor; Akibel convoca a Reyes Dragón excluyendo a los fieles de Abaddón; Cinnia busca recuperar influencia. Estas luchas no convierten a una facción Igigi en defensora natural de la humanidad. Cada soberano protege su permanencia, sus recursos y su autonomía.

La Yihad de Kadosh se dirige contra algo más amplio que un monstruo individual. Busca destruir las estructuras que permiten a los Igigi alimentarse de pueblos enteros. El lore presenta su divinidad como propaganda: necesitan sacrificios, tecnología, administradores y ejércitos humanos. Esa dependencia es su fuerza y también su vulnerabilidad. Cuando los humanos dejan de venerarlos y atacan sus redes de suministro, los «dioses» pueden sangrar, morir o volverse contra sus propios siervos.